
Cum Deus ducit, nihil nocere potest
Non faciam vitio culpave minorem
La Compañía Británica de las Indias Orientales fue una compañía de inversores que obtuvo el 31 de diciembre de 1600 la Cedula Real de manos de la reina Isabel I de Inglaterra con la intención de garantizarle los privilegios del comercio en Asia, con el objetivo de dejar de depender del monopolio que ejercían los holandeses sobre el lucrativo comercio de las especias.
Los fundadores se hicieron llamar aventureros, la compañía fue desde un principio de capital abierto, para que todo el que quisiera pudiera invertir en ella, siendo esta condición la más, genial y revolucionaria de las innovaciones empresariales de la Inglaterra del Siglo XVI y principios del XVII; La Compañía de Virginia, en 1616 siguió sus pasos, vendiendo acciones por 12 libras y 10 chelines por acción en un plazo de 7 años, con la posibilidad de reinversión.
La Compañia de Virginia ofrecia a sus accionistas reditos por su inversion, respaldados por un lote de tierra en la colonia americana y la Compañía Británica de las Indias Orientales respaldaba la inversion en los reditos futuros por la venta de mercancias britanicas en Asia y empleaba el dinero para comprar productos indios, como especias (pimienta, clavo, nuez moscada, canela y macis), té, metales preciosos, textiles, porcelana, azucar, opio, esclavos, etc.
La mayoría de los hombres de la Compañía de las Indias Orientales que conformaron el equipo de trabajo, eran hombres solteros y provenían de una de las minorías étnicas de Gran Bretaña, los escoceses; para garantizar su buena conducta, a cada trabajador se le exigía pagar una fianza de ingreso y comenzaban con un período de prueba no remunerado de cinco años.
La Compañía poseía tres asentamientos comerciales principales en la India en Bombay, Madrás y Calcuta, cada uno de ellos con Factorías subordinadas situadas en el interior del territorio o a lo largo y ancho de la costa, cuyos administradores se llamaban Factores, cuyo objetivo principal era comercializar bienes en favor de la Compañía.
La Compañía Británica de las Indias Orientales prefería la atmósfera de tolerancia mutua e incluso de admiración, aun cuando practicaba la tolerancia religiosa más por pragmatismo que por principio. Los aventureros de la India en Calcuta, Madrás y Bombay no tenían ningún interés en desafiar la cultura india tradicional, por el contrario, creían que este tipo de desafío desestabilizaría las relaciones angloindias y que eso perjudicaría el negocio.
A diferencia de los conquistadores españoles del Siglo XVI, que poseían un espiritu de caballeria, un deseo de aventuras y un valor santo que sobrepasaba al heroismo, eran eminentemente medievales y el despilfarro de la abundancia de sus recursos les llevó primero a la arrogancia y después a la quiebra, pues un porcentaje importante de la economia se destinaba a la construccion de templos o conventos colosales y a la conversion religiosa, un acto atroz que sepultó siglos de cultura y sabiduria ancestral.
Las juntas directivas de la Compañía consideraban el comercio como la preocupación principal, no había demasiado lugar para el altruismo en la sala de juntas y el Consejo de Administración no tenía interés en mejorarlos, civilizarlos ni tenia la imperiosa necesidad de intentar «hacer anglosajones a los Indios», esto se consideraba desatinado, insensato e imprudente: introducir fundamentos religiosos o morales que pudieran irritar a los Indios y afectar el comercio.
«Es deseable que el conocimiento del cristianismo sea impartido al nativo, pero los medios que se han de emplear con ese fin deberán ser tales que sean libres de cualquier peligro o alarma política, Nuestro poder superior nos impone la necesidad de proteger al nativo en la posesión libre y tranquila de sus opiniones religiosas»
Compañía Britanica de las Indias Orientales
La moral cristiana de los británicos, se aterrorizo con ciertas comunidades indias, que practicaban el infanticidio femenino desde finales de la década de 1780, parece que la principal razón era el elevado coste de casar a las hijas para las familias de la casta superior. Sin embargo, no fue hasta 1836 cuando James Thomason, entonces magistrado de Azangarath y después vicegobernador de las provincias noroccidentales, dio los primeros pasos para desterrarla.
En 1839 el maharajá de Marwar fue persuadido de aprobar una ley prohibiendo dicha práctica. Este fue solo el inicio de una larga campaña. Una encuesta sistemática realizada en 1854 descubrió que se trataba de una práctica endémica en Gorajpur, Ghazipur y Mirzapur y se aprobó una ley en 1870, que inicialmente se aplicaba solo a las provincias noroccidentales, pero después se extendió al Punjab y a Oudh.
El mito que enarbola el mestizaje latinoamericano y la segregación británica se hunde con la realidad, los españoles fundaron republicas de españoles separadas de las republicas de indios, quienes no podian entrar a las ciudades blancas más que como sirvientes; los aventureros de la Compañía Británica de las Indias Orientales, eran como se mencionó en un principio, hombres solteros que encontraron en las indias, a las mujeres perfectas con quien procrear una familia.
«Los que han vivido con una mujer india durante cualquier período de tiempo nunca se casan con una europea, las indias son tan divertidamente juguetonas, tan ansiosas de gustar y dispuestas a complacer… [son ellas], que a una persona, después de haberse acostumbrado a su compañía, le repele la idea de satisfacer los caprichos o ceder a los deseos de una inglesa.»
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