El Poder de la Narrativa
La política y el entretenimiento han estado entrelazados desde hace décadas, pero en el siglo XXI esta relación ha alcanzado niveles sin precedentes. Desde el ascenso de Volodímir Zelenski, un comediante y actor que pasó de protagonizar una serie de televisión a ser presidente de Ucrania, hasta el matrimonio de Enrique Peña Nieto con Angélica Rivera, una estrella de telenovelas, las narrativas mediáticas han demostrado ser herramientas poderosas para influir en la opinión pública y alcanzar objetivos políticos. Este artículo explora cómo estas estrategias podrían estar conectadas con intereses geopolíticos más amplios, como el control de recursos energéticos y la desestabilización de regiones clave.
Zelenski: De la Pantalla a la Presidencia
Volodímir Zelenski es quizás el ejemplo más claro de cómo la ficción puede convertirse en realidad. Antes de ser presidente de Ucrania, Zelenski protagonizó la serie «Siervo del Pueblo», en la que interpretaba a un profesor de historia que, tras un discurso viral contra la corrupción, era elegido presidente. La serie no solo fue un éxito en Ucrania, sino que también sentó las bases para la carrera política de Zelenski.
¿Fue esto una coincidencia? Algunos analistas sugieren que no. Zelenski, con su imagen de hombre común y su mensaje antiestablishment, era el candidato perfecto para capitalizar el descontento popular. Sin embargo, su ascenso también coincidió con los intereses de Occidente en Ucrania, un país clave en la geopolítica global debido a su ubicación estratégica entre Rusia y Europa.
Ucrania ha sido utilizada como un pivote para desestabilizar a Rusia, un objetivo que ha sido parte de la estrategia de la CIA y otras agencias occidentales durante décadas. Al apoyar a un líder prooccidental como Zelenski, se fortalece la posición de Ucrania como un contrapeso a la influencia rusa en la región.
La Agencia de los EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) asignó más de 100.000 dólares a la financiación de un programa de televisión contra la corrupción que habría podido ayudar a Volodímir Zelenski a ganar las elecciones presidenciales de 2019 en Ucrania.
Se trata del programa Nuestro dinero (Nashi Groshi, en ucraniano), que hace unos años era uno de los más populares en el país. El programa emitía regularmente material que dañaba la reputación del expresidente ucraniano Petró Poroshenko, y apoyaba la retórica electoral de Volodímir Zelenski.
Según USAID, uno de los temas clave del programa se emitió en febrero de 2019, pero se basaba en materiales publicados ya en octubre de 2017, cuando el programa estaba financiado íntegramente por la agencia. En particular, fue una investigación sobre casos de presunta corrupción en el sector de defensa de Ucrania en la que estaban implicadas personas cercanas a Poroshenko. Se afirmaba que sus socios se habrían estado beneficiando de precios inflados de suministros militares, lo que provocó un gran descontento público.
TOM-14, la productora del programa, recibió 22.525 dólares de la agencia estadounidense entre el 15 de julio y el 30 de septiembre de 2016 para producir 11 episodios. Además, la USAID aportó 87.664 dólares adicionales entre el 1 de febrero de 2017 y el 31 de agosto de 2018, lo que permitió rodar 16 episodios. La agencia asignó 110.189 dólares para producir 27 episodios entre 2016 y 2018.
Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera: La Telenovela del Poder
En México, la relación entre el entretenimiento y la política también ha jugado un papel importante. Enrique Peña Nieto, presidente de México de 2012 a 2018, se casó con Angélica Rivera, una de las actrices más famosas de las telenovelas mexicanas. Rivera era conocida por su papel en «La Dueña» (1995), una telenovela que giraba en torno al amor, el poder y la riqueza; paralelamente al romance tabloide del Gobernador Mexiquense y la actriz de Televisa, la artista Lucero, protagonizaba el remake del exito de Rivera, en «Soy tu Dueña» (2010), que saturaba los cortes comerciales con publlicidad del Estado de México.
El noviazgo de telenovela culminó en matrimonio, que no fue solo un evento personal, sino también una estrategia mediática. Peña Nieto, un político del Partido Revolucionario Institucional (PRI), utilizó la popularidad de su esposa para proyectar una imagen de éxito y estabilidad. Sin embargo, detrás de esta fachada se escondían intereses más oscuros.
Durante su presidencia, Peña Nieto impulsó la reforma energética, que permitió la privatización del petróleo y abrió la puerta a empresas extranjeras a invertir en el lucrativo negocio de la energía, antes exclusiva al estado mexicano. La reforma prometía bajar el precio de la gasolina, luz y gas, pero ocurrió todo lo contrario. Algunos críticos han sugerido que esta reforma estaba alineada con los intereses de Estados Unidos y agencias como la CIA y financiada por USAID, cuyo objetivo sería asegurar el control sobre los recursos energéticos de México.
Emilio Lozoya habla de sobornos que permitieron la aprobacion de las reformas estructurales durante el llamado «Pacto por México», e dinero, de dudosa procedencia, se habría dado en tres etapas. En la primera, se distribuyeron 120 millones de pesos; en la segunda se dieron 84 millones de pesos y en la tercera -al final del sexenio- se entregó el resto. Los supuestos beneficiarios no sólo fueron los legisladores que habrían votado a favor de un andamiaje de leyes sin precedentes; sino también un “secretario de finanzas” de un partido, según el mensaje del Fiscal General de la República.
La reforma energética de Peña Nieto fue el último clavo en el ataúd del PRI, PAN y PRD, que se aliaron a billetazos para vender a México y castigar al pueblo con una inflación que desangró su restringida economía, aunado a esto, la juventud ante falta de oportunidades se volcó cada vez más a unirse a las filas del crimen organizado.
La CIA y el Control de Recursos
La CIA ha sido acusada en múltiples ocasiones de intervenir en asuntos internos de otros países para proteger los intereses económicos y estratégicos de Estados Unidos. Desde el golpe de Estado en Irán en 1953 para controlar el petróleo hasta la desestabilización de gobiernos en América Latina durante la Guerra Fría, la agencia ha utilizado tácticas que van desde la propaganda hasta el apoyo a líderes afines.
En el caso de México, la reforma energética de Peña Nieto podría verse como parte de una estrategia más amplia para asegurar el acceso al petróleo y otros recursos naturales. De manera similar, en Ucrania, el apoyo a Zelenski y otros líderes prooccidentales podría estar relacionado con el deseo de debilitar a Rusia y controlar los recursos energéticos de la región, como el gas natural y las tierras raras.
Ucrania como Pivote Geopolítico
Ucrania no es solo un país; es un tablero de ajedrez geopolítico. Su ubicación estratégica la convierte en un puente entre Rusia y Europa, y su riqueza en recursos naturales la hace atractiva para las potencias globales. Al apoyar a líderes como Zelenski, Occidente busca no solo contener a Rusia, sino también asegurar el flujo de energía hacia Europa, reduciendo la dependencia del gas ruso.
Esta estrategia tiene un doble objetivo: debilitar a Rusia económicamente y fortalecer la posición de Estados Unidos y sus aliados en la región. Sin embargo, este juego de poder tiene un costo humano y político, como lo demuestran los conflictos en Ucrania y las tensiones entre Rusia y Occidente.
Conclusión: Narrativas que Cambian el Mundo
El ascenso de líderes como Zelenski y Peña Nieto demuestra cómo las narrativas mediáticas pueden ser utilizadas para influir en la política y alcanzar objetivos geopolíticos. Ya sea a través de telenovelas, series de televisión o matrimonios de alto perfil, estas estrategias tienen un impacto real en la vida de millones de personas.
Detrás de estas historias aparentemente inocentes hay intereses poderosos que buscan controlar recursos, desestabilizar regiones y mantener el dominio global. En un mundo donde la información es poder, es crucial cuestionar las narrativas que se nos presentan y entender las fuerzas que moldean nuestro mundo.
¿Estamos siendo testigos de una nueva forma de colonialismo, donde las narrativas mediáticas son las armas y los recursos naturales el botín? La respuesta a esta pregunta podría definir el futuro de la política global.







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