Racismo, Malinchismo y el Mito del Mestizaje

México se enorgullece de ser una nación mestiza, un «crisol de razas» donde, según el discurso oficial, todos somos iguales. Pero la realidad es muy distinta: el racismo en México es profundo, sistémico y, sobre todo, hipócrita.

La Paradoja: Judía Sí, Indígena No

Imaginemos dos escenarios:

  1. Una mujer judía, blanca y de apellido extranjero se postula para presidenta. Probablemente generaría admiración: «Es culta, preparada, inteligente, viene de buena familia, es muy fina».
  2. Una mujer indígena (ya sea náhuatl, zapoteca, maya o de cualquier pueblo originario) busca la misma posición. De inmediato surgirían comentarios como: «No está preparada», «Es una india», «Le falta educación» o, directamente, «Es una naca».

¿Por qué? Porque en México, el racismo no se basa solo en el color de piel, sino en una jerarquía colonial que privilegia lo blanco, lo extranjero y lo europeizado.

El Malinchismo: La Adoración por lo Extranjero

El malinchismo —la preferencia por lo ajeno sobre lo propio— sigue vivo. Un apellido extranjero (aunque sea de un país con el que México ni siquiera tiene relación histórica) otorga prestigio. Un mexicano blanco con apellido alemán o francés es visto como «superior» a un mexicano moreno con apellido indígena.

En cambio, los pueblos originarios son sistemáticamente despreciados. Se les folcloriza en los museos, pero se les niega acceso real al poder.

La TV Mexicana: Un Espejo del Racismo

Basta encender la televisión mexicana para confirmarlo: casi todos los conductores, actores y figuras públicas son blancos o de tez clara. Las pocas personas morenas que aparecen suelen interpretar roles de pobres, sirvientes o delincuentes. México tiene una obsesión por blanquearse, desde los anuncios de «cremas aclarantes» hasta el elogio de los «hijos de ojos verdes» en las familias.

México, Más Racista que EE.UU. y Alemania (Pero Lo Niega)

En Estados Unidos y Alemania, el racismo se discute abiertamente. En México, se esconde bajo frases como «Aquí no hay racismo, solo clasismo» o «Todos somos mestizos». Pero los datos no mienten:

  • Los indígenas tienen menos acceso a educación, salud y empleos bien pagados.
  • Los apellidos europeos dominan en la élite política y empresarial.
  • El color de piel influye en las oportunidades laborales (estudios como el del INEGI y el Proyecto sobre Discriminación Étnico-Racial lo confirman).

Mientras en otros países hay cuotas de representación para minorías, en México ni siquiera se reconoce el problema.

Conclusión: Hasta Que No Miremos Al Espejo, Nada Cambiará

México no será una verdadera democracia hasta que deje de negar su racismo. Aceptar una presidenta judía pero rechazar a una indígena solo confirma que, en el fondo, seguimos viendo a Europa como superior y a nuestros pueblos originarios como inferiores.

Un hecho es que los mexicanos son racistas, malinchistas y clasistas, si usted es mexicano analice su entorno y pensamiento. Este artículo busca generar reflexión. Si te identificas o discrepas, ¡comparte tu opinión! La única manera de cambiar algo es hablando claro.

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