Una Fortaleza de Piedra y Letras
El edificio de la Real y Pontificia Universidad de México se alzaba en el centro de la Ciudad de México como un coloso de tezontle rojo y cantera gris, sus muros gruesos como los de una catedral, pero su espíritu ligero como el de un libro abierto al viento. Fundada en 1551, era la joya intelectual del virreinato, un lugar donde los ecos de las disputas teológicas se mezclaban con el rumor de los estudiantes que, entre rezos y argumentos, moldeaban el destino de un continente .
Su fachada principal, solemnemente barroca, estaba coronada por un escudo real tallado en piedra, donde los leones de Castilla custodiaban el lema «Patriae scientiae que amor salus populi est» («El amor a la patria y al conocimiento es la salud del pueblo»). Las puertas de madera tallada, pesadas como las de un convento, se abrían a un patio central donde los naranjos —traídos de Sevilla— perfumaban el aire y sus frutos dorados caían sobre los claustros como monedas de un tesoro invisible .
Los Claustros: Laberintos de Conocimiento
En su apogeo, la universidad era un microcosmos de la Nueva España:
- El Aula Magna: Un salón abovedado donde las cátedras de Teología y Derecho Canónico resonaban bajo frescos de santos y filósofos. Los retratos de Carlos V y Felipe II observaban desde las paredes, testigos mudos de las lecciones que mezclaban a Aristóteles con Santo Tomás .
- La Biblioteca: Un santuario de manuscritos iluminados y libros prohibidos, donde los tomos de Fray Alonso de la Veracruz compartían estantes con crónicas de Indias y tratados de medicina árabe. El olor a cuero y tinta era tan denso que los estudiantes decían que allí hasta el silencio tenía letras .
- El Jardín Botánico: Un rincón secreto donde los estudiantes de Medicina estudiaban las plantas curativas de los indios —la hierba del pollo para la fiebre, la cocolmeca para el corazón— bajo la mirada suspicaz de los frailes, que veían en la sabiduría indígena tanto peligro como promesa .
Detalles que Contaban Historias
- Las Campanas: Tocaban a las cinco de la mañana para llamar a misa, y a las diez para el inicio de las Cátedras de Prima. Los vecinos decían que su sonido era tan claro que, en días de niebla, se confundía con las voces de los muertos ilustres que aún rondaban los pasillos .
- Las Celdas de los Jesuitas: Pequeñas y austeras, con escritorios llenos de mapas estelares y notas en latín. Allí, Carlos de Sigüenza y Góngora trazaba los cielos del Nuevo Mundo, buscando cometas que predijeran el futuro de un imperio .
- Las Gradas de Piedra: Gastadas por los pies de generaciones de estudiantes, desde los hijos de los conquistadores hasta los mestizos audaces que, como Sor Juana, robaban horas de estudio entre los anaqueles .
El Nacimiento de un Gigante Académico
Fundada el 21 de septiembre de 1551 por cédula real de Carlos V e impulsada por el virrey Antonio de Mendoza, la Real y Pontificia Universidad de México fue la primera universidad de América del Norte y un faro del conocimiento en el virreinato . Su creación respondió a la necesidad de formar clérigos, abogados y médicos para consolidar el dominio español, siguiendo el modelo de la Universidad de Salamanca .
- Carreras fundacionales:
- Teología (la más prestigiosa, con 60% de los estudiantes).
- Derecho Canónico y Civil (clave para la burocracia colonial).
- Medicina (con influencia de tradiciones indígenas y europeas).
- Artes Liberales (gramática, retórica y filosofía, base para otras disciplinas) .
Egresados que Moldearon un Continente
Entre sus aulas se formaron personajes clave:
- Carlos de Sigüenza y Góngora (1645–1700): Astrónomo y poeta, pionero en defender el valor científico de las culturas prehispánicas .
- Sor Juana Inés de la Cruz (aunque no egresó formalmente, accedió a su biblioteca): La «Décima Musa» cuyo intelecto desafió las normas de género .
- Miguel Hidalgo y Costilla (1753–1811): Padre de la Independencia de México, estudió Teología antes de liderar el Grito de Dolores .
Libros y Controversias Intelectuales
La universidad fue un hervidero de ideas:
- Biblia Políglota Complutense: Inspiró proyectos similares en México, aunque la Corona limitó la impresión de libros «peligrosos» .
- «De Procuranda Indorum Salute»: Texto clave de José de Acosta (jesuita), usado en clases para debatir la evangelización .
- Censura: En 1571, la Inquisición quemó 200 libros de su biblioteca por «herejía» .
¿Por qué Cerró? La Muerte de una Institución
La universidad sucumbió a las turbulencias del siglo XIX:
- 1810–1821: Las guerras de Independencia interrumpieron clases; los insurgentes la veían como símbolo del colonialismo .
- 1833: El presidente liberal Valentín Gómez Farías la clausuró para secularizar la educación, reemplazándola con escuelas nacionales .
- 1865: Maximiliano de Habsburgo la cerró definitivamente, acusándola de «anacrónica». Benito Juárez ratificó su fin en 1867, priorizando el modelo positivista .
El Ocaso de un Gigante
Para el siglo XVIII, el edificio ya mostraba cicatrices: grietas en los muros por los terremotos, yeso descascarado en los techos. Pero aún así, seguía siendo un faro. Hasta que llegó 1833, cuando el liberal Valentín Gómez Farías cerró sus puertas, y luego Maximiliano de Habsburgo, que en 1865 la borró del mapa con un decreto. Los libros se dispersaron, los naranjos se secaron, y los fantasmas de los doctores se quedaron sin aulas donde debatir .
Hoy, su espíritu ha muerto, pero aquel edificio —con sus sombras de tinta y sus ecos de latinajos— sigue habitando el imaginario de México como el sueño de la piedra del saber, que alguna vez fue real .
La UNAM nunca será la Universidad de México
Tras décadas de escuelas fragmentadas, Justo Sierra rescató su espíritu en 1910 al fundar la Universidad Nacional de México (hoy UNAM), ante la necesidad de que la nación tuviera un colegio secular . Hoy, la UNAM produce el 50% de la investigación científica mexicana y cuenta con 3 Premios Nobel entre sus egresados .
La UNAM no posee el legado de la Universidad de México, es más bien una reinvención que una sucesora. Aunque rescata tradiciones académicas, su esencia laica, autónoma y moderna la distingue radicalmente de su antecesora colonial. Como señala un documento de la UNAM: «Justo Sierra no revivió la antigua universidad, sino que creó una nueva institución para un nuevo país»







Deja un comentario