«La perla no era buena. Era como un pecado»
— Juana en La perla

I. Introducción: La perla como espejo de una sociedad enferma

La perla (1947), dirigida por Emilio «Indio» Fernández y basada en la novela de John Steinbeck, no es solo una tragedia individual, sino un diagnóstico brutal de la psique mexicana. La película, filmada en Acapulco pero ambientada en un México mítico, expone los vicios arraigados en el carácter nacional: la envidia patológica, el cangrejismo (jalar al que intenta salir del pozo), el malinchismo (adoración por lo extranjero) y un egoísmo que glorifica la miseria como destino.

Fernández y Steinbeck —este último observador extranjero— retratan a Kino (Pedro Armendáriz), un pescador indígena cuya vida se fractura al encontrar una perla gigante. Lo que debería ser su salvación se convierte en su perdición, no por la perla en sí, sino por la reacción de su comunidad: los mexicanos no toleran la prosperidad ajena .


II. La envidia como motor social: «Si no puedo, que nadie pueda»

El primer acto de sabotaje ocurre cuando los comerciantes del pueblo —aliados con el médico extranjero— ofrecen una miseria por la perla, alegando que «no vale nada». Aquí, Steinbeck critica un sistema donde el mérito se castiga y la mediocridad se premia. La envidia no es solo un pecado capital; es la columna vertebral de una sociedad que normaliza la frase: «¿Y ese qué se cree?» .

Ejemplos contemporáneos abundan:

  1. El «cobro de piso»: Micro, pequeños, mediano y grandes empresarios, amenazados, intimidados, secuestrados y asesinados por negarse a pagar a cárteles, mientras vecinos callan o incluso justifican: «Algo habrá hecho».
  2. El tesoro de Moctezuma: En 1976, un campesino halló oro mexica en Veracruz. Lo lincharon y denunciaron por «no compartir», y el gobierno le expropió su hallazgo. Nadie pudo disfrutarlo .
  3. El chef de «El Califa de León»: En 2025, el cocinero ganador de una estrella Michelin, es denigrado por el dueño de la Taqueria y compañeros de trabajo al denigrarlo como «Parrillero» y embaucarlo en un contrato a modo. La envidia como excusa para el odio al progreso.

III. El cangrejismo: La jaula invisible

La escena donde Kino es emboscado por sus vecinos —los mismos que días antes lo adulaban— ilustra el síndrome de la cubeta de cangrejos: nadie escapa, porque los demás lo jalonean hacia abajo. Juana (María Elena Marqués) lo advierte: «La perla nos ha marcado». El mensaje es claro: en México, el éxito es un delito .

Este instinto se disfraza de «solidaridad»:

  • Críticas al emprendedor: «¿Ya te viste muy gringo?».
  • El mito del «pobre pero honrado»: La pobreza como virtud, la riqueza como corrupción. Así, la miseria se perpetúa como identidad .

IV. Malinchismo: El doctor extranjero y el desprecio a lo propio

El médico europeo (Charles Rooner) es la encarnación del malinchismo: desprecia a Kino, pero codicia su perla. Aquí, Fernández denuncia la doble moral de un país que idolatra lo extranjero (desde marcas hasta acentos) pero desprecia a sus indígenas .

Hoy, esto se repite en:

  • Empresas que contratan CEOs gringos aunque haya talento local.
  • El clasismo en redes: «Fifí» vs «naco», donde lo mexicano auténtico se ridiculiza.

V. Conclusión: Un país que elige su maldición

El final de La perla es devastador: Kino y Juana arrojan la perla al mar tras la muerte de su hijo. La tragedia no fue el hallazgo, sino la incapacidad colectiva de permitir que alguien prospere. México no es pobre por destino; lo es por elección. Cada vez que un mexicano sabotea a otro, renuncia a su futuro .

Hasta que no rompamos con la cultura de la envidia, seguiremos condenados a ser un país de perlas perdidas en el abismo.

«El infierno son los otros»

— Jean-Paul Sartre

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