Vestida de hombre

En 2006 una lesbiana llamada Norah Vincent publicó su reveladora obra, «Self-Made Man: One Woman’s Journey into Manhood and Back Again», donde emprende un experimento social audaz y profundamente personal. El libro no es meramente un relato de su transformación física, sino una inmersión psicológica y sociológica en la masculinidad, narrada desde la perspectiva única de una mujer que vive durante 18 meses como un hombre, a quien llama «Ned».

Su objetivo fue desentrañar los privilegios masculinos, pero terminó descubriendo una realidad más compleja y dolorosa. Vincent se infiltró en bares, ligas de bolos, citas con mujeres e incluso grupos de terapia masculina, solo para concluir que «los hombres están sufriendo». Este artículo explorará las ideas fundamentales que subyacen a la aventura de Vincent, las interacciones con mujeres y las percepciones sobre la masculinidad que emergen de su experiencia como hombre y es que la «identidad de género» no es una elección; esto hizo estallar una ola de contradicciones en Vincent, quien se dió cuenta de la complejidad de ser hombre y lo utópico del discurso feminista (imperante en nuestros días), que culminó en Suiza donde la lesbiana se suicidó por eutanasia en 2022.

Un experimento social sin precedentes

La premisa central de «Self-Made Man» es la exploración de la experiencia masculina desde adentro. Vincent, a través de su alter ego Ned, busca comprender el mundo, las relaciones y la identidad de género desde una perspectiva que le es ajena por nacimiento. La idea para el libro se gestó siete años antes de su publicación, motivada por una «adolescencia significativamente retrasada» y una fascinación por las «oportunidades de exhibición callejera» que ofrecía Nueva York. La autora había tenido un «primer tutorial para convertirse en hombre» al pasar tiempo con un «drag king» en el East Village, lo que la llevó a desear intentar pasar por un hombre en público. Esta travesía no se presenta como una «memoria confesional» en el sentido de resolver una crisis de identidad sexual, sino como un «viaje» y una «exploración» de los límites «misteriosamente fluidos y rígidos» entre lo masculino y lo femenino. El libro es un «travelogue» o bitácora de viaje, un «recorrido por seis ciudades de un continente, la visión de una mujer sobre la vida aproximada de un hombre».

La metamorfosis física de Norah en Ned fue un proceso meticuloso y multifacético, crucial para la autenticidad del experimento. Para lograr una apariencia convincente, Vincent consultó a Ryan, un maquillador, quien le enseñó una técnica de cabello facial. Utilizó cabello de lana en lugar de cabello real, pegándolo con una pasta adhesiva a base de lanolina y cera de abeja llamada «stoppelpaste» para crear una barba y un bigote, y más tarde una «sombra de las cinco». El maquillaje se usó para suavizar la piel y atenuar las mejillas. Para su cabello, adoptó un corte plano o militar, que le ayudó a cuadrar la mandíbula. Además de la cara, el cuerpo fue un punto de concentración: usó vendas Ace y cinta quirúrgica para aplanar sus pechos, y luego sostenes sin copa. También consultó a un entrenador de gimnasio y levantó pesas para masculinizar su cuerpo, ganando quince libras y volviéndose «más ancha y cuadrada». Para la verisimilitud sexual, adquirió un «pene prostético» o «packable softie» en una sex shop, al que apodó «Sloppy Joe». Su guardarropa se transformó con sacos, pantalones de vestir, corbatas, camisas, camisas de rugby, caquis y jeans holgados. Finalmente, para perfeccionar su voz y modo de hablar, trabajó con un entrenador vocal de la Juilliard School, notando que los hombres suelen «arruinar su propia respiración» al hablar, mientras que las mujeres «tienden a hablar más rápido» y a «interrumpir su respiración». Estas preparaciones no solo eran físicas, sino que contribuían a su inmersión psicológica, haciéndola sentir «más confiada en mi disfraz, más enterrada en mi personaje».

La inmersión de Ned en mundos masculinos específicos reveló diversas facetas de la experiencia de ser hombre. Un entorno clave fue la liga de bolos, donde Vincent se propuso establecer amistades con hombres. Aquí, observó una camaradería particular: los hombres se unían en actividades compartidas como los bolos o ver fútbol, lo que la autora describió como una «ceremonia machista» que se sentía «muy antigua y practicada». Notó que, si bien las amistades masculinas podían ser profundas, a menudo carecían de la profundidad emocional de las amistades femeninas. Las conversaciones solían girar en torno a deportes, trabajo y sexo, evitando discusiones emocionales más íntimas. El humor, a menudo crudo y directo, servía como una forma clave de comunicación indirecta, una manera de «decirle a la gente que no quieres que sepa lo que quieres decir». La autora experimentó un «sentido de pertenencia» que la sorprendió, y a la vez, una «mezcla de alivio y decepción». La revelación de su identidad a Jim, uno de sus amigos más cercanos de la liga, fue un momento de gran tensión. Jim reaccionó con una profunda sensación de traición y desilusión, exclamando: «Me estás jodiendo. Y tú eras mi mejor amigo». Este incidente puso de manifiesto el valor que los hombres otorgan a la confianza y la autenticidad en sus amistades, y el impacto emocional de la decepción.

Las experiencias de Ned en el ámbito de las citas y relaciones románticas ofrecieron una perspectiva única sobre las dinámicas de género. Vincent encontró que salir con mujeres como Ned era «lo más difícil». Muchas de las mujeres que conoció parecían «descontentas y hostiles». Observó que algunas mujeres deseaban ser «seducidas por el lenguaje» y valoraban la escritura y la poesía en el cortejo. La autora percibió que las mujeres eran «incategorizables» en sus «proclividades más sutiles», y que a menudo se sentían atacadas o juzgadas por los hombres. La decepción fue un tema recurrente en las citas, ya que la identidad de Ned era una mentira, lo que generaba una «carga» emocional significativa. Un encuentro particularmente revelador fue con Sally, a quien Ned finalmente le reveló su verdadera identidad. La reacción de Sally fue de sorpresa inicial, seguida de una aceptación y una conexión sorprendente: «Soy una mujer,» dijo Ned, a lo que Sally respondió: «Sí, puedo verlo ahora». Esto sugiere que, para algunas mujeres, la comprensión y la empatía podían trascender la identidad de género performativa. Sin embargo, en general, Vincent sintió que su experimento la «alejó de las mujeres» en lugar de acercarla a ellas, ya que la relación se basaba en la decepción.

Los clubes de striptease representaron otro entorno masculino en el que Ned se sumergió, revelando las «compulsiones dolorosas de la sexualidad masculina». Vincent observó la objetificación y deshumanización de las bailarinas, muchas de las cuales parecían estar allí por necesidad, no por placer. La autora sintió una «profunda piedad» por estas mujeres. Los clubes funcionaban como una especie de «terapia» para los hombres, un lugar donde podían desahogarse de las presiones de sus vidas. La «misoginia» era palpable, con comentarios despectivos y una atmósfera de explotación. Sin embargo, Ned también notó que los hombres, a pesar de su comportamiento, a menudo parecían buscar «una clase de intimidad» en estos lugares. La autora reflexiona que esta «subbase sórdida de la sexualidad masculina» se relaciona con la supresión de emociones y la necesidad de una salida.

Finalmente, el monasterio ofreció una visión de la masculinidad despojada de las presiones del mundo exterior. Aquí, Ned exploró la espiritualidad y una forma diferente de hermandad masculina, viviendo bajo un régimen de oración y trabajo. Vincent observó que los monjes, aunque no exentos de sus propias luchas internas, vivían en un entorno que parecía ser un «refugio en el machismo» para aquellos que «temían las intimidades inapropiadas». La represión de la sexualidad era un tema prominente, como se evidenció en la actitud del Padre Vergil, quien «suprimía» su sexualidad y sentía la necesidad de «contrarrestar un fuerte impulso biológico». Las interacciones entre los monjes, aunque no siempre abiertas emocionalmente, demostraron una forma de apoyo mutuo y comunidad. Vincent observó que los hombres en el monasterio eran «incapaces de hablar abiertamente sobre sus sentimientos» y a menudo «suprimían su descontento». La experiencia en el monasterio fue significativa porque Ned se sintió aceptado y tuvo «la aprobación de sus compañeros», lo que le otorgó una «alegría de inclusión».

En cuanto a las mujeres que se sintieron acosadas o la percepción de lo femenino, la experiencia de Norah como Ned fue variada. Al principio, la autora notó la «verdadera hostilidad» en las miradas de las mujeres hacia Ned, o su tendencia a evitar el contacto visual, como si percibieran una «maldad» o una «perversa enemistad» en su disfraz. Las mujeres, en general, se sentían «incómodas y alienadas» ante la presencia de Ned como hombre. La idea de que las mujeres solo «fingían ser hombres» para evitar el acoso o por diversión era una percepción inicial. La revelación de la identidad de Ned a algunas de las mujeres con las que interactuó, especialmente en el contexto de citas, generó una sensación de traición. La autora señala que «la dificultad residía en las consecuencias de pasar por hombre» y el «precio emocional» de los «engaños circunstanciales». En los clubes de striptease, las mujeres eran claramente objetificadas, vistas como «carne con un pulso». La autora sintió una «profunda piedad» por las bailarinas, y la misoginia era evidente en el lenguaje y el trato hacia ellas. Curiosamente, al pasar de mujer a hombre, Vincent notó que, mientras antes las mujeres la hacían sentir invisible, como Ned, los hombres la notaban. Esto resalta la diferencia en cómo hombres y mujeres navegan los espacios públicos y las expectativas sociales que conlleva cada género.

Las ideas fundamentales sobre lo que significa ser hombre son el corazón del libro. Vincent descubrió que la masculinidad se asocia con la presión de proyectar una imagen fuerte y controlada. Los hombres, según sus observaciones, son criados para ser «proveedores» y para estar en control de sus emociones, lo que a menudo lleva a una represión emocional. La masculinidad es vista como una «armadura prestada» que esconde «inseguridad». La comunicación masculina se caracteriza por ser «sutil, menos directa», y se evita mostrar «irrespeto» explícito, a menudo usando el humor para manejar situaciones incómodas. Vincent percibió una «jerarquía» y una «competencia» en el mundo empresarial masculino. Los hombres, en sus propias palabras, «fallaron» en ciertas ocasiones, lo que sugiere una vulnerabilidad subyacente. La sexualidad masculina se presenta como una fuerza poderosa y a veces compulsiva, pero también como una fuente de identidad y estatus. Sin embargo, la autora también observa que esta sexualidad a menudo se reprime o se expresa de maneras socialmente aceptadas pero poco saludables, como en los clubes de striptease. La autora también se dio cuenta de que la sociedad tiene expectativas rígidas sobre lo que significa ser hombre, y que los hombres que no encajan en esos moldes pueden ser juzgados o excluídos. La experiencia de Vincent como Ned la llevó a la conclusión de que la identidad de género, aunque en ocasiones se presenta como «misteriosamente fluida», también está marcada por límites «rígidos».

En resumen, «Self-Made Man» es una exploración audaz y multifacética de la masculinidad y las dinámicas de género. A través de su meticulosa transformación en Ned, Norah Vincent se adentra en diversos entornos masculinos, desde ligas de bolos y citas hasta clubes de striptease y monasterios, revelando las complejidades, presiones y contradicciones de la experiencia masculina. Las interacciones con mujeres, a menudo teñidas de desconfianza, objetificación o el impacto de la decepción, subrayan la profunda brecha en la comprensión y la empatía entre los géneros. Al mismo tiempo, la autora descubre una masculinidad caracterizada por la camaradería, la represión emocional y un conjunto específico de expectativas sociales. El libro no busca ofrecer respuestas definitivas, sino más bien invitar a la reflexión sobre la construcción social del género y la importancia de la comprensión mutua. La jornada de Vincent fue, en última instancia, una lección sobre la empatía y la complejidad inherente a la experiencia humana, independientemente del género. La dedicatoria a su esposa, Lisa McNulty, «quien me salva la vida a diario», subraya el anclaje personal de esta extraordinaria aventura.


La identidad masculina: Una jaula invisible

Vincent describió la masculinidad como un «código rígido» que exige fuerza, autocontrol y éxito constante. En su tiempo como Ned, experimentó:

  • La soledad del hombre: En grupos de terapia, descubrió que los hombres rara vez se abren por miedo al juicio, incluso entre amigos .
  • La presión del proveedor: En un trabajo de ventas, sintió la angustia de competir en un mundo donde el valor masculino se mide por el rendimiento económico .
  • El mito del privilegio: «Las mujeres disfrutan de mayores privilegios sociales», afirmó, tras ser testigo de cómo los hombres enfrentan rechazo y desprecio cuando no cumplen con el estereotipo del «macho protector» .

El acoso inverso y las expectativas femeninas

Vincent se sorprendió al descubrir que, como Ned, las mujeres:

  • Rechazaban la vulnerabilidad: Cuando intentó mostrar sensibilidad en citas, fue tachado de «débil». «Las mujeres quieren un hombre fuerte», escribió .
  • Ejercían poder sutil: En clubes de striptease y citas, notó que las mujeres controlaban la dinámica, desafiando la narrativa de la pasividad femenina .
  • Reproducían estereotipos: Muchas esperaban que Ned pagara las cuentas, iniciara el romance y asumiera roles tradicionales .

3. Feminismo y género: ¿Quién tiene realmente el poder?

Vincent, una feminista crítica, cuestionó las premisas del movimiento:

  • El feminismo radical: Denunció su «odio al hombre» y la demonización de lo masculino, ejemplificada en consignas como «si es machito, abórtalo» .
  • La transexualidad: Su escepticismo hacia la identidad de género le valió repudio de antiguas aliadas. Para ella, ser hombre o mujer iba más allá de la autopercepción .
  • El costo emocional: Tras su experimento, Vincent sufrió una crisis depresiva y acabó suicidándose en 2022. Su historia es un recordatorio de que la batalla de géneros deja heridas en ambos lados .

¿Qué significa ser hombre hoy?

Self-Made Man no es solo un libro sobre hombres, sino sobre los límites de la identidad. Vincent reveló que:

  • La masculinidad es una performance agotadora, tan opresiva como los roles femeninos.
  • Las mujeres también son cómplices de perpetuar estereotipos dañinos.
  • El diálogo, no la guerra, es la única salida. Como dijo Vincent: «Los hombres necesitan nuestro apoyo, no nuestro desprecio» .

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