En la última década, la República Popular China ha construido uno de los sistemas de control social más sofisticados y opresivos del mundo. Combinando tecnología de punta, leyes draconianas y un aparato represivo implacable, el Partido Comunista Chino (PCC) mantiene un férreo dominio sobre su población, silenciando disidencias y moldeando la conducta ciudadana. Este modelo, basado en la vigilancia masiva y el castigo ejemplarizante, no solo plantea graves riesgos para los derechos humanos, sino que también cuestiona las implicaciones globales de que un régimen autoritario se convierta en la primera potencia mundial.

En México MORENA, el partido único gobernante, discipulo del PRI y súbdito sionista de Estados Unidos busca perpetuarse en el poder implementando un sistema de control al estilo chino, pero no con fines de seguridad sino de espionaje, control social y tributario; los disidentes del ente estatal pueden llegar a ser señalados, juzgados y reprimidos, pues está claro que la seguridad de los ciudadanos no mejorará, porque el crimen organizado ha superado ya al estado, se perfila pues, un cogobierno autoritario.

¿En qué consiste el control social en China?

China ha implementado un sistema de vigilancia integral que incluye:

  1. Reconocimiento facial y cámaras omnipresentes:
    • El país cuenta con más de mil millones de cámaras de vigilancia, muchas equipadas con inteligencia artificial (IA) para identificar personas en tiempo real.
    • Esta tecnología se usa en bancos, transporte público e incluso baños, permitiendo al Estado rastrear movimientos, asociaciones y comportamientos.
    • El sistema está vinculado al crédito social, que premia la obediencia y castiga conductas «antisociales», como criticar al gobierno.
  2. Censura y vigilancia digital:
    • La «Gran Muralla Digital» bloquea redes sociales y medios independientes.
    • Aplicaciones como WeChat y Weibo monitorean conversaciones, eliminando contenido disidente.
  3. Represión legalizada:
    • La Ley de Seguridad Nacional (2020) criminaliza la disidencia, con penas de hasta cadena perpetua por «subversión».
    • En 2024, 45 activistas prodemocracia fueron condenados en el mayor juicio político de Hong Kong, algunos a 10 años de prisión.

¿Cómo castiga China a los disidentes?

  • Encarcelamiento y juicios políticos:
    • Líderes como Joshua Wong (condenado a 4 años y 8 meses) son encerrados por participar en protestas o elecciones no autorizadas.
    • Se usa la ley para «reeducar» a la población, según académicos.
  • Tecnología como herramienta de opresión:
    • El reconocimiento facial identifica manifestantes, facilitando su detención preventiva.
    • En Hong Kong, la tecnología se usó para rastrear participantes en marchas prodemocracia.
  • Aislamiento y censura:
    • Disidentes y periodistas son sometidos a desapariciones forzadas o «arrestos domiciliarios».
    • Familias de presos políticos sufren represalias, como la pérdida de empleos o acceso a servicios.

El Crédito Social de China

El sistema de crédito social de China es una herramienta de gobernanza diseñada para promover la confianza y el buen comportamiento ciudadano. Sin embargo, también ha generado controversia por su potencial para ejercer control social y político. A continuación te explico cómo podría ser usado este sistema para controlar a la población:

Es un sistema que evalúa el comportamiento de individuos, empresas y organizaciones mediante datos recopilados de distintas fuentes, como registros financieros, judiciales, administrativos y de comportamiento en línea. No existe un solo sistema unificado, sino múltiples iniciativas locales y sectoriales, aunque hay un marco nacional.


¿Cómo puede usarse para controlar a la población?

  1. Recompensas y castigos
    • Alta puntuación: acceso a préstamos, mejores empleos, viajes rápidos, beneficios sociales.
    • Baja puntuación: restricciones para comprar boletos de tren o avión, menor velocidad de internet, exclusión de ciertos trabajos, o bloqueo en apps de citas.
  2. Fomento del conformismo
    • Se premian comportamientos considerados «buenos» por el Estado (como pagar deudas o apoyar campañas oficiales) y se castigan los «malos» (como protestar, difundir opiniones críticas o asociarse con disidentes).
  3. Vigilancia automatizada
    • Uso intensivo de tecnología de reconocimiento facialbig data y algoritmos predictivos para monitorear y evaluar en tiempo real.
    • Esto permite una respuesta casi inmediata a comportamientos considerados indeseables.
  4. Presión social y estigmatización
    • Algunas listas negras se hacen públicas, afectando la reputación social y profesional.
    • Hay casos en que familiares o empresas asociadas a una persona con mala puntuación también sufren consecuencias.
  5. Desincentivo a la disidencia
    • Activistas, periodistas independientes o abogados defensores de derechos humanos pueden ver sus puntuaciones afectadas, limitando su movilidad y medios de vida.

Ejemplos reales documentados

  • Personas con deudas impagas no pueden comprar boletos de tren de alta velocidad.
  • Un empresario fue vetado de actividades empresariales por informes negativos de conducta.
  • Algunos ciudadanos no pueden inscribir a sus hijos en ciertas escuelas por el historial social de los padres.

¿Es solo control o también gestión?

Aunque el sistema busca mejorar la honestidad comercial, el cumplimiento de leyes y la eficiencia gubernamental, la ambigüedad de los criterios, la falta de transparencia y los riesgos de abuso hacen que se convierta fácilmente en una herramienta autoritaria.

Es más fácil hablar de lo que no es el sistema de crédito social chino que de lo que sí es. Desde 2014, cuando China anunció un plan sexenal para construir un sistema que recompensara las acciones que generaran confianza en la sociedad y penalizara lo contrario, ha sido uno de los aspectos más incomprendidos sobre China en el discurso occidental.

Occidente documenta el historial financiero de individuos o empresas y predice su capacidad para devolver préstamos futuros. Dado que la economía de mercado en la China moderna es mucho más joven, el país carece de un sistema fiable para consultar los registros financieros de otras personas y empresas. Construir un sistema de este tipo, destinado a ayudar a los bancos y otros actores del mercado a tomar decisiones comerciales, es una misión esencial y no muy controvertida. La mayoría de los documentos políticos chinos se refieren a este tipo de crédito con una palabra específica: “征信” (zhengxin, que algunos académicos han traducido como “informe crediticio”).

Dicho esto, el gobierno ya ha resuelto casi por completo el aspecto financiero. El sistema zhengxin —publicado por primera vez en 2006 y actualizado significativamente en 2020— es esencialmente el equivalente chino de la calificación crediticia de las agencias de crédito estadounidenses y es mantenido por el banco central del país. Registra el historial financiero de 1140 millones de ciudadanos chinos (y les otorga calificaciones crediticias), así como de casi 100 millones de empresas (aunque no las califica).

En diciembre de 2020, el Consejo de Estado de China publicó una guía política en respuesta a informes que indicaban que los gobiernos locales utilizaban el sistema de crédito social como justificación para castigar incluso acciones triviales como cruzar la calle de forma imprudente, reciclar incorrectamente y no usar mascarillas. La guía solicita a los gobiernos locales que castiguen únicamente las conductas que ya son ilegales según el sistema legislativo actual de China y que no las extiendan más allá.

Riesgos de un régimen autoritario como primera potencia mundial

Si China consolida su liderazgo global, su modelo podría exportarse:

  1. Normalización de la vigilancia masiva:
    • Empresas chinas como Huawei ya venden tecnología de reconocimiento facial a regímenes como Irán y Rusia.
    • En Afganistán, los talibanes usan cámaras chinas para reprimir a mujeres.
  2. Erosión de la democracia:
    • Gobiernos autoritarios podrían imitar el modelo chino, justificándolo como «seguridad nacional».
  3. Control económico y geopolítico:
    • China usa su poder para silenciar críticas internacionales (ejemplo: presión a la ONU).

¿México va hacia el mismo camino con la CURP biométrica?

El gobierno mexicano ha lanzado la CURP biométrica, que incluye:

  • Huellas dactilares, escaneo del iris y firma digital.
  • Será obligatoria para trámites públicos y privados a partir de 2026.

Preocupaciones:

  • Falta de transparencia: No hay claridad sobre cómo se almacenarán los datos.
  • Riesgo de vigilancia estatal: Podría usarse para reprimir protestas o perseguir opositores, como en China.
  • Multas a quienes no la acepten: Hasta 2 millones de pesos a instituciones que rechacen la CURP biométrica 5.

Aunque México aparenta no ser un régimen autoritario, en papel lo es, la llamada «cuarta transformación», un apelativo de arrogancia absoluta ha despilfarrado el presupuesto en propaganda para renombrar instituciones: «transformarlas» significa tener clientes incondicionales al sistema, la implementación de sistemas de identificación avanzados sin garantías de privacidad abre la puerta a abusos futuros.
Aceptémoslo, se están sentando las bases para otra dictadura perfecta.

Conclusión

El control social chino es un modelo peligroso que sacrifica libertades en nombre del «orden». Si este sistema se globaliza, con ayuda algoritmos cuánticos, llegará a ser predictivo y los críticos de la realidad seremos silenciados; en el nuevo orden mundial liderado por China, la disidencia sería imposible y los gobiernos tendrán poder absoluto sobre sus ciudadanos. México debe evitar caer en la tentación del control biométrico sin límites claros, aunque difícil, esto ya nadie lo para.

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