No vale nada la vida, la vida no vale nada

Un canal de noticias de facebook anuncia en live el asesinato de una mujer, dentro del sitio acordonado del mercado municipal, varias personas comen tacos, el cadaver de la comerciante yace en el suelo como una rata muerta, los mexicanos impávidos, como si nada hubiera pasado, como si esa mujer algo hubiera hecho para merecer ese castigo, moralmente superiores y sin sentimientos ante la muerte, le echan salsa y limón a sus tacos.

Una maestra jubilada que no le alcanzaba para llegar a fin de mes decide trabajar de taxista, es secuestrada por un grupo delictivo y encañonada por 13 hombres con armas largas, sus últimas palabras son grabadas y difundidas por internet; la gobernadora del estado señala que se murió del «susto» por un infarto, mientras tanto, la Presidenta de México condena en vivo, un video machista de TikTok.

La inferencia ante la vida es aplicable a todos los niveles, en México la vida no vale nada, es una tierra de contrastes profundos: riqueza cultural, tradiciones vibrantes y una historia milenaria, pero también un territorio marcado por una violencia profundamente arraigada. La crueldad no es un fenómeno reciente; hunde sus raíces en las prácticas de las civilizaciones mesoamericanas, se transformó durante el Virreinato Español y hoy resurge con una ferocidad sangrienta que parece definir el carácter nacional: ya nadie se inmuta y es parte de la vida diaria.

Los Orígenes: Sacrificios Humanos y Guerras Floridas

Todas las civilizaciones mesoamericanas, practicaban rituales de una violencia extrema. Los sacrificios humanos no eran meros actos religiosos, sino una industria de muerte sistemática:

  • Extracción de corazones: En Tenochtitlán, los sacerdotes arrancaban el corazón de víctimas vivas, incluyendo niños, para «alimentar» a los dioses. Los cráneos de los sacrificados se exhibían en tzompantlis, muros de cabezas ensartadas .
  • Desollamientos y decapitaciones: Los mayas desmembraban prisioneros en rituales públicos, mientras que los toltecas decapitaban niños en honor a Tláloc .
  • Guerras floridas (Xochiyáoyotl): Los aztecas pactaban batallas rituales con otros pueblos solo para capturar prisioneros y sacrificarlos. No era guerra por territorio, sino por carnear humanos .

Esta violencia no era esporádica, sino parte de un sistema político y religioso que normalizaba el derramamiento de sangre como algo sagrado.

El Virreinato: La Contención Temporal de la Barbarie

Con la llegada de los españoles, muchas de estas prácticas fueron prohibidas. Los valores cristianos —aunque impuestos con su propia violencia— introdujeron conceptos como la compasión, la redención y el valor de la vida humana. Las instituciones coloniales, como las Santas Escuelas de Cristo, promovían la disciplina moral y la reflexión espiritual .

Sin embargo, la crueldad no desapareció; solo mutó. La explotación de los indígenas, la esclavitud encubierta y la brutalidad de la Inquisición demostraron que el ser humano siempre encuentra formas de ejercer dominio sobre otros.

México Moderno: El Regreso de la Crueldad Ancestral

Hoy, la violencia en México no es un accidente. Es la resurrección de un instinto ancestral, ahora desprovisto de rituales divinos pero igual de sanguinario:

1. El Odio al Prójimo

  • Los mexicanos no soportan el éxito ajeno. La epidemia de extorciones que ha llegado hasta los vendedores ambulantes es un reflejo del resentimiento social.
  • Feminicidios: Más de 9 mujeres son asesinadas diariamente, muchas torturadas y mutiladas como en los viejos sacrificios .
  • Violencia entre comunidades: Linchamientos, ajustes de cuentas y masacres entre cárteles muestran que la vida en México vale menos que un terruño o una pizca de poder.

2. La Adoración por lo Extranjero y el Desprecio por lo Propio

  • «Malinchismo»: Se idolatra lo gringo o europeo, la tez pálida, mientras se desprecia al indio, al pobre, al moreno.
  • Turismo de muerte: Extranjeros vienen a México a hacer lo que en sus países no pueden: drogas, prostitución de todo tipo, explotación. Y los mexicanos los sirven con una sonrisa .

3. Chingar, es un verbo cultural

  • Corrupción: Desde el político que roba millones al policía que extorsiona, los ciudadanos de a pie que buscan «chingar» al prójimo, todos culpan a un gobierno, pero participan en un sistema que premia la crueldad.
  • Abandono animal: México es el país con más perros callejeros de Latinoamérica; a veces se valora más el bienestar de un perro que el de un indio.

¿Por Qué No Podemos Culpar a Estados Unidos o a las Armas?

  • Las armas no matan solas: Son los mexicanos quienes aprietan el gatillo. Los cárteles no necesitan rifles de asalto para descuartizar rivales; lo hacen con machetes, como sus ancestros .
  • La crueldad es autóctona: No es importada. Es el mismo espíritu que llevó a los aztecas a masacrar pueblos enteros, ahora vestido de narcocorridos y ejecuciones en X.

Conclusión: ¿Hay Salida?

Cada gobierno trae consigo reformas que promenten transformaciones, pero la solución no está en las leyes, sino en la misma gente; México no superará su violencia hasta que reconozca que la crueldad no es un problema de «inseguridad», sino de identidad, hasta que deje de culpar al gobierno o a los extranjeros. Durante el Virreinato, hubo tres siglos de relativa paz, los valores cristianos (aunque imperfectos), contuvieron el instinto asesino de los mexicanos, el deseo de chingar a toda costa fue y sigue siendo consuelo. Hoy, en un país secularizado, tierra de nadie y sin brújula moral, la barbarie fluye libre, intempestiva e impune, como ayer, como siempre.

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