Así Era la Ciudad que Dejó sin Aliento a los Conquistadores

Imagina una ciudad flotante, un laberinto de canales y calzadas resplandecientes, dominada por pirámides que se alzaban hacia el sol. Así era México-Tenochtitlán, la capital del Imperio Mexica, una maravilla urbana que dejó registrada en asombro y detalle tanto a los conquistadores españoles como a sus propios habitantes. Basándonos en las crónicas de testigos presenciales, reconstruimos esta fascinante metrópolis:

1. El Corazón Comercial: El Mercado de Tlatelolco
El mercado era el pulso vibrante del imperio. Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo coinciden en una cifra que los dejó atónitos: hasta sesenta mil personas comprando y vendiendo cada día. Bernal Díaz describe un lugar organizadísimo: «tienen sus lugares señalados por calles y por gremios de mercaderes». Según el Códice Florentino, aquí convergía la riqueza del mundo conocido: comida fresca, preciado cacao, piedras preciosas que brillaban al sol, telas de algodón de vivos colores, calzado, herramientas, aves, pescados, leña, cal y hule. Era un universo de productos en constante movimiento.

2. El Centro Sagrado: Templos y Vida Religiosa
El Templo Mayor (Huey Teocalli) era la columna vertebral cósmica de la ciudad. Cortés admiraba sus dimensiones y construcción: «Hay en esta ciudad muchas casas de sus ídolos… tan grandes y tan bien edificadas que no sé con qué compararlas». Bernal Díaz, al subir al templo de Moctezuma, menciona los «dos adoratorios» y un fuerte olor («hedor… más que de letrinas»), una referencia a los sacrificios realizados. El Códice Florentino detalla su estructura: era «como un monte hecho por manos», con dos imponentes escalinatas que llevaban a dos capillas gemelas: una dedicada a Huitzilopochtli (dios de la guerra y el sol), y otra a Tláloc (dios de la lluvia y la fertilidad).

3. La Ingeniería Asombrosa: Canales, Calzadas y Chinampas
Tenochtitlán era una hazaña de ingeniería sobre el lago. Cortés la describe como «edificada en medio de la laguna salada», con «muchas calles de agua» donde las canoas eran el equivalente a los carros en España: «Por estas calles de agua andan canoas como nosotros en España por las calles en carros». Bernal Díaz narra la entrada triunfal por la calzada de Iztapalapa, flanqueada por agua y llena de canoas. El Códice Florentino confirma que «las casas estaban fundadas sobre la laguna» y destaca los elementos clave: las fértiles chinampas (jardines flotantes), la intrincada red de canales y los funcionales puentes levadizos que permitían el control y la defensa.

4. La Sociedad Mexica: Orden y Estructura
La sociedad mexica era profundamente jerarquizada y organizada. El Códice Florentino define claramente los roles: «Los macehuales (gente del pueblo) cultivaban la tierra… Los pipiltin (nobles) sabían leer códices, gobernaban». La educación era fundamental y universal: «Desde niños eran enseñados a obedecer, a no robar, a hablar con respeto». Existían dos tipos de escuelas: el calmécac para los nobles (donde se formaban los futuros gobernantes, sacerdotes y guerreros de élite) y el telpochcalli para el pueblo común (enfocado en la guerra y oficios). Un principio rector, reflejado en la Visión de los Vencidos, era el orden estricto: «Había un orden en todo… el que robaba era castigado, el que trabajaba era alimentado».

Una Descripción Maestra:
Tenochtitlán era una sinfonía de actividad humana sobre el agua. Desde las primeras luces del alba, miles de canoas surcaban sus canales, llevando productos de las chinampas al bullicioso mercado de Tlatelolco, donde el aroma del cacao se mezclaba con el rumor de sesenta mil voces negociando. Las amplias calzadas, como la de Iztapalapa, conectaban la ciudad-isla con tierra firme, transitadas por comerciantes, guerreros y sacerdotes. En el centro sagrado, el Templo Mayor se imponía, un «monte hecho por manos» dedicado a los dioses duales Huitzilopochtli y Tláloc, desde cuya cúspide los sacerdotes realizaban ritos que mantenían el equilibrio cósmico. Mientras los pipiltin gobernaban y estudiaban los códices en el calmécac, los macehuales trabajaban la tierra y aprendían oficios o el arte de la guerra en el telpochcalli, todos regidos por un férreo código de respeto, trabajo y castigo al delito. Era una ciudad de contrastes: majestuosamente ordenada, intensamente religiosa, brutalmente guerrera y asombrosamente ingeniosa, una capital imperial que justificaba plenamente el asombro que provocó en quienes la vieron por primera vez.

El Corazón del Imperio Mexica

La llegada de los españoles a lo que hoy conocemos como México, entre 1519 y 1521, marcó un acontecimiento trascendental: el violento y asombroso encuentro de dos mundos y dos culturas. En el centro de esta colisión se encontraba México-Tenochtitlan, la imponente metrópoli azteca, un testamento del milenario florecimiento cultural mesoamericano. La visión de esta ciudad causó una profunda impresión en los conquistadores, quienes, al contemplarla, se preguntaban si lo que veían era un sueño, pues era algo «nunca oído, visto, ni aun soñado».

El relato detallado de esta época y de la propia ciudad proviene en gran parte de las memorias de Bernal Díaz del Castillo, un soldado-cronista cuyas vivencias directas se contraponen a otros relatos de la época. Consciente de haber escrito «una relación de la que siempre habrá memoria», Bernal se propuso relatar «con la recta verdad» lo que él «se halló y vio y entendió», criticando a aquellos que, como Francisco López de Gómara, no estuvieron presentes y adornaron sus relatos con falsedades y adulaciones a Cortés. Para Bernal, la «buena retórica y pulidez en lo que escribieren es decir verdad y no sublimar y decir lisonjas a unos capitanes y abajar a otros».

La Maravilla de Tenochtitlan: Una Ciudad sobre el Agua

México-Tenochtitlan era una ciudad verdaderamente formidable, construida de manera asombrosa sobre el agua, comparable en su diseño a Venecia. Su grandeza se manifestaba en varios aspectos:

  • Calzadas y Navegación: La ciudad estaba interconectada y conectada al exterior por anchas calzadas principales, como la de Iztapalapa, que medía ocho pasos de ancho y se extendía «tan derecha… que no se tuerce poco ni mucho» hacia el corazón de México. Otras calzadas importantes eran la de Tacuba y Tepeaquilla. Estas calzadas contaban con numerosos puentes de madera de trecho en trecho, que podían ser levantados. Las casas, en su mayoría construidas sobre la laguna, solo eran accesibles «de casa a casa… por unas puentes levadizas… o en canoas».
  • Edificaciones y Azoteas: Los techos de las casas eran azoteas, que podían servir como parapetos y lugares de combate. Las ciudades y villas, tanto en tierra firme como sobre el agua, presentaban «grandes torres y cues y edificios que tenían dentro en el agua, y todas de cal y canto». Incluso en las calzadas se veían «torrecillas e adoratorios que eran como fortaleza».
  • Palacios y Jardines: En Iztapalapa, los españoles se aposentaron en palacios descritos como «grandes y bien labrados… de cantería muy prima, y la madera de cedros y de otros buenos árboles olorosos». Moctezuma poseía «huertas de flores y árboles olorosos» de muchos géneros, con «concierto y paseaderos dellas, y de sus albercas, estanques de agua dulce» donde el agua entraba por un lado y salía por otro. Los baños y otros espacios dentro de estos jardines estaban «labrado de cantería». Numerosos hortelanos cuidaban de estas áreas, que también contenían «yerbas medicinales y de Provecho».
  • Abastecimiento de Agua: El agua dulce para la ciudad se traía «desde Chapultepec por caños encubiertos».

El Gran Mercado de Tatelulco: Un Centro de Abundancia

El gran mercado de Tatelulco, ubicado en el corazón de la ciudad, era una vasta plaza, «más ancha que la plaza que hay en Salamanca», completamente «empedrado de piedras grandes de losas blancas y muy lisas». Donde no había losas, el suelo estaba «encalado y bruñido, y todo muy limpio, que no hallaran una paja ni polvo en todo él». El «rumor y el zumbido de las voces y palabras» que allí se escuchaban sonaba a más de una legua de distancia. Soldados españoles que habían estado en Constantinopla, Italia y Roma, afirmaron nunca haber visto «plaza tan bien compasada y con tanto concierto, y tamaña y llena de tanta gente».

La diversidad de productos y la organización del mercado eran asombrosas:

  • Alimentos: Se vendían en secciones específicas: maíz, frijoles, chía y otras legumbres y yerbas. Otro sector ofrecía gallinas, gallos de papada (guajolotes), conejos, liebres, venados y anadones (patos jóvenes), perrillosy otras carnes. Las fruteras vendían diversas frutas. Había cosas cocidas, como mazamorras y «malcocinado». También se vendía miel, melcochas y otras golosinas. El pan de cazabe (tortillas de yuca) y un «panecillo» hecho de una «lama» que se recogía de la laguna, que se cuajaba y se parecía al queso. La sal era un producto importante.
  • Artesanías y Materiales: Se ofrecía «todo género de loza hecha de mil maneras», desde tinajas grandes hasta pequeños jarros. Maderas de diversos tipos: tablas, cunas viejas, tajos y bancos. Leña y ocote.
  • Objetos Valiosos y Materias Primas: El mercado contaba con «mercaderes de oro en granos», que lo presentaban en «cañutillos delgados de los de ansarones de la tierra» para que se viera y se comerciara por mantas, cacao o esclavos. También se vendía «mucha grana» (cochinilla) debajo de los portales. Se encontraban navajas de pedernal y hachas de latón, cobre y estaño.
  • Curiosidades y Normas: Entre lo más peculiar, se vendían canoas llenas de «hienda de hombres» (excremento humano), que se recogía en esteros cerca de la plaza, y que era «para hacer o para curtir cueros», pues decían que sin ella no se hacían buenos. Para esto, tenían «caminos hechos de cañas o paja o yerbas porque no los viesen los que pasasen por ellos, y allí se metían si tenían ganas de purgar los vientres». El orden y la regulación eran estrictos: tres jueces y alguaciles ejecutores supervisaban las mercancías.

Templos, Creencias y Sacrificios: El Corazón Espiritual Mexica

La vida espiritual mexica giraba en torno a sus numerosos templos, o «cues», que dominaban el paisaje de la ciudad.

  • El Templo Mayor (Tatelulco): Era el «mayor templo de sus ídolos de todo México». Antes de llegar a él, había un «gran circuito de patios… mayores que la plaza de Salamanca», rodeados por dos cercas de cal y canto. En este gran «cu» se adoraba a Huitzilopochtli (Huichilobos), el dios de la guerra, y a Tezcatlipoca (Tezcatepuca), a quien se le asociaba con el «infierno».
  • Ritos de Fundación y Ofrendas: Durante la fundación del gran «cu», los mexicas ofrecían oro, plata, aljófar (perlas pequeñas), piedras ricas (chalchihuites) y diversas semillas. Además, lo «bañaban con mucha sangre de indios que sacrificaron,» tomados de las guerras, para que sus ídolos les concedieran victorias, riquezas y muchos frutos. Los españoles encontraron pruebas de estas ofrendas al excavar los cimientos para construir una iglesia, hallando «mucho oro y plata y chalchihuites, y perlas e aljófar y otras piedras». Los caciques y el propio Cuauhtémoc, entonces vivo, confirmaron que estas joyas y la sangre humana habían sido depositadas en los cimientos hacía más de mil años.
  • La Capilla del «Infierno»: Cerca del gran «cu» había una «torrecilla que también era casa de ídolos, o puro infierno». Su entrada era una «muy espantable boca de las que pintan, que dicen que es como la que está en los infiernos, con la boca abierta y grandes colmillos para tragar las ánimas». Junto a la puerta, había «bultos de diablos y cuerpos de sierpes». Dentro, se encontraban «muchas ollas grandes y cántaros e tinajas… llenas de agua,» donde «cocinaban la carne de los tristes indios que sacrificaban, que comían los papas». Cerca del «sacrificadero» (lugar de sacrificio), había «muchos navajones y unos tajos de madera como en los que cortan carne en las carnicerías». Detrás de esta casa, había «grandes rimeros de leña» y una «gran alberca de agua»que se llenaba y vaciaba con agua dulce traída de Chapultepec.
  • Otros Lugares Sagrados: Había un «cu» que servía de «enterramiento de grandes señores mexicanos», lleno de sangre y humo. Otro «cu» estaba «lleno de calaveras e zancarrones puestos con gran concierto,» con ídolos para los «casamientos de los hombres». También, un gran estanque de agua «muy limpia» dedicado al servicio exclusivo de Huitzilopochtli y Tezcatlipoca. Cerca de este, había «grandes aposentos a manera de monasterio, adonde estaban recogidas muchas hijas de vecinos mexicanos, como monjas, hasta que se casaban,» y donde se encontraban «dos bultos de ídolos de mujeres, que eran abogadas de los casamientos de las mujeres» a quienes se les sacrificaba y festejaba.
  • Los Sacerdotes («Papas»): Había muchos «papas», quienes usaban «vestiduras largas de mantas prietas y las capillas como de dominicos». Tenían el «cabello muy largo y enredado, que no se puede desparcir si no se corta, y llenos de sangre que les salían de las orejas, que en aquel día se habían sacrificado». También tenían las «uñas de los dedos de las manos muy largas». Estos sacerdotes, según Melchorejo (un intérprete indígena), predicaban «cosas malas».
  • La Práctica del Sacrificio Humano y Antropofagia: Los mexicas sacrificaban a los indios cautivos de guerra y «comían la carne de los tristes indios que sacrificaban». Bernal encontró «redes de maderos gruesos… llenas de indios y muchachos a cebo, para sacrificar y comer sus carnes» en Cholula, las cuales Cortés mandó destruir.
  • Profecías y Determinismo Divino: Una creencia arraigada era la profecía de sus antepasados que anunciaba la llegada de gentes «de hacia donde sale el sol» que los «habían de señorear,» marcando el fin del señorío mexica. Moctezuma, al hablar con sus principales, les dijo que sus dioses, especialmente Huitzilopochtli, habían confirmado esta profecía.

La Sociedad Mexica: Moctezuma, Nobles y Artesanos

La sociedad mexica era compleja, altamente estructurada y vibrante, con Moctezuma a la cabeza.

  • El Gran Moctezuma: Descrito como un hombre de unos cuarenta años, de buena estatura y proporción, delgado, de color moreno claro. Su rostro era «algo largo e alegre, los ojos de buena manera,» mostrando una mezcla de amor y gravedad en su mirada. Era «muy pulido y limpio, bañándose cada día una vez a la tarde». Poseía «muchas mujeres por amigas, e hijas de señores,» además de dos «grandes cacicas» como esposas legítimas. Se cambiaba de mantas y ropas solo cada cuatro días.
  • La Corte y el Servicio a Moctezuma:
    • Guardia y Etiqueta: Tenía más de doscientos principales como su guardia personal en salas contiguas. Los que le hablaban debían quitarse sus ricas mantas y ponerse otras de poco valor, pero limpias, y entrar descalzos con los ojos bajos puestos en tierra, sin mirarle a la cara, haciendo tres reverencias y diciendo: «Señor, mi señor, gran señor». Al despedirse, no levantaban el rostro ni le daban la espalda hasta salir de la sala. Los grandes señores de tierras lejanas también debían descalzarse y rodear el palacio, ya que la entrada directa se consideraba «descaro».
    • Alimentación: Sus cocineros preparaban más de treinta tipos de guisados a su modo, mantenidos calientes en braseros de barro. Se guisaban «más de trescientos platos» para Moctezuma y más de mil para la gente de su guardia. La dieta incluía gallinas, gallos de papada, faisanes, perdices de la tierra, codornices, patos mansos y bravos, venado, puerco de la tierra, pajaritos de caña, palomas, liebres y conejos, y muchas otras aves y animales de la región. Tras la reprobación de Cortés, Moctezuma dejó de comer carne humana. Se le servían tortillas amasadas con huevos y otras cosas sustanciosas, muy blancas, en platos cubiertos con paños limpios, y panecillos largos y «pan pachol» (como obleas). Tras la comida, Moctezuma fumaba de cañutos pintados y dorados que contenían liquidámbar mezclado con tabaco, lo cual le inducía el sueño.
    • Bebidas: Se consumían «jarros de cacao con su espuma», en cantidad de más de dos mil para los sirvientes.
    • Entretenimiento: Moctezuma era «muy aficionado a placeres y cantares». Tenía bailarines, danzantes, chocarreros (bromistas) y truhanes para su diversión. Incluso había «un barrio que no entendían en otra cosa» más que en estas artes.
    • Administración: Su mayordomo mayor, llamado Tapia, llevaba la cuenta de todas las rentas y tributos en libros hechos de «papel, que se dice amatl». Tenía una casa llena de estos libros.
    • Armería y Colecciones: Poseía dos casas llenas de armas, muchas de ellas ricas con oro y pedrería. Incluían rodelas (escudos) grandes y pequeños, macanas (armas de madera con navajas de pedernal que cortaban mejor que espadas), lanzas más largas que las españolas con cuchillas de pedernal que «se rapan con ellas las cabezas,» arcos, flechas, varas de dos gajos y de uno con tiraderas (lanzadardos), hondas y piedras redondas hechas a mano, y paveses (escudos corporales enrollables). Las armas de algodón acolchadas estaban ricamente labradas con plumas de colores. Contaba con «capacete y cascos de madera y de hueso,»también adornados con plumas. Tenía oficiales, mayordomos y artesanos dedicados a la elaboración de armas. Moctezuma también mantenía una casa de aves con águilas reales y otras más pequeñas, diversas aves de gran tamaño y pajaritos pintados de muchos colores. Se criaban aves para sus preciadas plumas, como los quetzales (verdes) y pájaros de cinco colores. Tenía un «estanque grande de agua dulce» con aves de zancas largas y cuerpos rojizos (como los ipiris de Cuba) y otras aves acuáticas. Había otra gran casa con ídolos y muchos animales, incluyendo tigres, leones de dos tipos, lobos («adives»), zorros y alimañas pequeñas.
  • Pueblo y Sociedad:
    • Artesanía y Oficios: Los mexicas eran «grandes plateros» en un pueblo cercano a México llamado Escapuzalco, donde trabajaban el oro y la plata en piezas vaciadas que asombraban. Eran maestros en el labrado de piedras finas, en el arte de la pluma, y había pintores y escultores de gran habilidad. Las mujeres eran expertas tejedoras, elaborando finas prendas de algodón y complejos trabajos de pluma. Moctezuma tenía «maestros de todos cuantos oficios entre ellos se usaban, y de todos gran cantidad».
    • Justicia: Moctezuma dedicaba una hora cada mañana a «oír pleitos de muchas partes» de caciques que venían de lejos. Estaba acompañado por «veinte hombres ancianos, que eran jueces» para despachar los negocios.
    • Guerra y Carácter Guerrero: Los mexicas eran guerreros feroces y estratégicos. Podían movilizar cien mil hombres para una batalla. Durante la guerra, se mostraban desafiantes y valientes, usando sus armas (lanzas, flechas, varas con tiraderas) con gran eficacia. Los españoles destacaron su resistencia, incluso comiendo raíces y cortezas de árboles, y bebiendo agua salobre durante el asedio. En batalla, los guerreros mexicas podían ser implacables, llegando a cortar pies y brazos a los soldados capturados y enviarlos a los pueblos aliados como advertencia, ofreciendo sus corazones y sangre a sus ídolos. En la famosa Batalla de Otumba, se enfrentaron a la «flor de México y de Tezcuco y Saltocan», con armas ricas en oro, penachos y divisas.

La compleja organización de Tenochtitlan, su próspero mercado, la devoción religiosa expresada a través de templos impresionantes y ritos impactantes, y la estructura social encabezada por el poderoso Moctezuma, revelan una civilización de gran desarrollo y singularidad. La crónica de Bernal Díaz del Castillo, escrita desde la perspectiva de un testigo ocular, ofrece una ventana invaluable a este mundo que, por su escala y particularidades, dejó a los conquistadores en un estado de asombro que perduraría por siglos.

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