Un Análisis Psicoarqueológico
No es un mero calendario. La Piedra del Sol de Tenochtitlan es un monumental espejo psíquico, un lienzo de piedra donde la élite religiosa nahua plasmó, con maestría simbólica, las fuerzas arquetípicas del inconsciente colectivo mexica. Bajo la luz de Freud, emerge como un poderoso testimonio de la psique guerrera que definió un imperio.
El círculo central de la roca circular, está ocupado por una cara bastante mutilada, pero que, a pesar de tal desfiguración, se puede determinar con seguridad como la de Tonatiuh ,el numen solar, el arquetipo del mexica, la nariz y su adorno han desaparecido completamente. Sin embargo, no hay duda de que el dios solar debe de haber tenido en la ternilla un rodillo de chalchihuite, porque así lo vemos representado siempre en las figuras de tamaño regular.
La boca está algo abierta y deja ver la dentadura en los lados hasta donde no llegó la mano destructora. El dios saca la lengua, que está transformada en un cuchillo de sacrificio, El cuchillo tiene en bajorrelieve un perfil de demonio: un ojo redondo con ceja, la nariz sólo indicada y tres colmillos. Es la manera usual de decorar los cuchillos de sacrificio
Esa curiosa costumbre de transformar la lengua en cuchillo o de representar un cuchillo como saliendo de la boca, la notamos en varias esculturas y dibujos. En el caso de la diosa de la tierra, se interpreta como símbolo de la luz.. Más abajo, cuando tratemos de la decoración emblemática de la faja curva del cilindro, veremos que, en efecto, el cuchillo de pedernal figura como símbolo del rayo de luz.
El dios solar que emite el rayo es un concepto bien fácil de comprender. La lengua de la cara de Tonatiuh “expresa la luz que por igual reparte sobre la tierra de lo alto de los cielos.” Pero, en este caso, se trata más bien de una feliz conjetura que de una demostración científica, porque el citado autor no da ninguna prueba para su aserto.
Tonatiuh: El Dios-Sol como Encarnación del Ello Deseante
En el centro, Tonatiuh, el Sol. Pero no es solo un astro: es la pulsión vital incarnada, el Ello freudiano en su expresión más pura y poderosa. Su lengua de tecpatl (cuchillo de obsidiana) no es solo un instrumento de sacrificio; es el símbolo del deseo insaciable, de la energía libidinal agresiva que busca expresión y dominio. Su expresión feroz refleja la aceptación colectiva inconsciente de que la existencia misma es una batalla constante, donde la voluntad de poder (la luz solar) debe imponerse sobre la oscuridad. Es el núcleo pulsional del guerrero: la fuente primigenia de su valor y su furia.
Las Garras y los Corazones: La Sublimación de la Pulsión de Muerte
Las garras de águila de Tonatiuh, apretando corazones humanos, son una imagen cruda y reveladora. Freud habló de Thanatos, la pulsión de muerte, una fuerza destructiva inherente. Los mexicas, guiados por su élite sacerdotal, sublimaron esta pulsión. Los corazones no son solo ofrendas; representan la energía vital (el tonalli) que alimenta al Sol. El sacrificio ritual se convierte en la vía simbólica para canalizar la agresividad inconsciente hacia un fin cósmico y colectivo: sostener el universo. La pulsión de muerte se transforma en un acto sagrado de preservación, un pacto inconsciente con la divinidad que exige valor extremo.
Los Cuatro Soles Anteriores: El Trauma y la Resiliencia del Superyó Colectivo
Los cuatro glifos que rodean a Tonatiuh (4 Olin, 4 Ehécatl, 4 Quiahuitl, 4 Atl) representan las eras cósmicas destruidas. Psicológicamente, son traumas arquetípicos grabados en el inconsciente colectivo. Recuerdan la fragilidad del mundo y la necesidad constante de lucha y sacrificio para evitar el colapso. Este conocimiento moldea un Superyó colectivo férreo: un imperativo moral interno que exige coraje, disciplina guerrera y obediencia ritual para mantener el equilibrio cósmico. La amenaza de la destrucción pasada es el motor inconsciente de la valentía presente.
Los Anillos de Serpientes de Fuego: La Represión y el Orden Cósmico
Los dos enormes Xiuhcóatl (serpientes de fuego) que enmarcan la piedra, con sus cuerpos divididos en segmentos de fuego, son más que guardianes. Simbolizan las fuerzas caóticas del inconsciente que deben ser contenidas y dirigidas. Su forma circular y segmentada representa el control, la represión necesaria ejercida por el orden religioso y social (el Superyó cultural) sobre las energías primordiales del Ello colectivo (representado por el fuego). Son el límite psíquico que separa el cosmos ordenado del caos primordial, una frontera que el guerrero debe defender.
Las Garras de las Águilas y Jaguares: Los Ideales del Yo Guerrero
Las poderosas garras de águila y jaguar que emergen de los segmentos de las serpientes no son solo adornos. Son la proyección simbólica de los ideales del Yo del guerrero mexica. El águila, señor del cielo, representa la aspiración a la altura, la visión estratégica y el dominio. El jaguar, señor de la tierra y la noche, encarna la ferocidad, la fuerza instintiva y el poder en la batalla cuerpo a cuerpo. Estas garras son los atributos deseados, grabados en la piedra (y por tanto, en el inconsciente colectivo) como modelo a alcanzar: la fusión perfecta de la agresividad instintiva (Ello) con la destreza y el valor exigidos por la sociedad (Superyó).
Conclusión: El Monumento al Inconsciente Belicoso
La Piedra del Sol es, en esencia, la cartografía monumental del inconsciente guerrero nahua. La élite religiosa actuó como psicoanalistas colectivos, plasmando en basalto las pulsiones más profundas de su pueblo: la energía vital agresiva (Tonatiuh), la sublimación de la muerte (corazones), el trauma que impulsa (Soles anteriores), la necesidad de control (serpientes de fuego) y los ideales de la identidad guerrera (garras de águila/jaguar). No es un instrumento para medir el tiempo; es un espejo para reflejar y moldear el alma colectiva: valiente, feroz, devota y profundamente consciente (e inconscientemente) comprometida con la lucha perpetua por la supervivencia y el orden cósmico. Es la piedra angular de la psique mexica.







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