La Senda de la Sabiduría

Plutarco, a través de su vasta colección de “Obras Morales y de Costumbres” (Moralia), se erige como un pedagogo y moralista que busca guiar al hombre hacia una vida plena y virtuosa. El segundo volumen de esta monumental obra, el Moralia II, recopila siete tratados de contenido heterogéneo que, sin embargo, comparten una profunda preocupación por la actuación y la personalidad humanas en diversos aspectos de la vida, desde la salud y el matrimonio hasta la fortuna, la virtud, el vicio y la fortaleza ante las adversidades.

Las Ideas Principales: Razón, Moderación y Autoconocimiento

La obra de Plutarco en este volumen se caracteriza por una línea pedagógico-moralizante, buscando acercar al lector a un campo muy variado de la acción humana. A lo largo de los tratados, se discuten temas como la fortuna, la virtud y el vicio, la consolación ante la desgracia, consejos para la salud, deberes del matrimonio, y la superstición. El autor, con un estilo que a menudo fusiona la retórica con la reflexión filosófica, se mantiene fiel al texto original griego, aun a riesgo de repeticiones o estructuras alejadas de la expresión moderna, buscando una fidelidad máxima.

Entre las ideas principales que subyacen en estos textos, destacan:

  • La primacía de la inteligencia y la razón (φρόνησις): Plutarco consistentemente argumenta que la inteligencia humana es superior a los dones físicos o a la fortuna ciega, y es a través de ella que el hombre puede dominar y superar a los animales. La previsión, la sensatez y la discreción son poderes que el hombre posee por el uso de su intelecto.
  • La búsqueda de la virtud (ἀρετή) como camino a la felicidad: Para Plutarco, la vida feliz y honorable no se asienta en causas externas como el poder o las riquezas materiales, sino que emana del carácter virtuoso del individuo. La virtud convierte la riqueza en una oportunidad para el bien y la pobreza en una liberación de preocupaciones.
  • La importancia de la moderación (μετριοπάθεια): Frente a la insensibilidad estoica (ἀπάθεια), Plutarco aboga por una “metriopatheia”, un sufrimiento moderado y una reacción prudente ante las adversidades. Esta moderación se extiende a todos los aspectos de la vida, desde la comida y la bebida hasta la expresión del dolor.
  • El autoconocimiento y la adaptación a la naturaleza: Las máximas délficas, “conócete a ti mismo” y “nada en demasía”, son presentadas como pilares fundamentales para una vida sensata. Conocer las peculiaridades del propio cuerpo y alma, y adaptar la dieta y el régimen de vida a las circunstancias naturales, es crucial para la salud y el bienestar.
  • La crítica a la superstición (δεισιδαιμονία): Plutarco posiciona la superstición como un mal peor que el ateísmo, argumentando que convierte a los dioses en figuras temibles y funestas, generando miedo y confusión. La superstición paraliza la razón y la acción, atribuyendo desgracias a la voluntad divina mal interpretada.

Frases Poderosas y Lecciones para la Vida

Los textos de Plutarco están salpicados de frases memorables y aforismos que condensan su sabiduría y ofrecen valiosas lecciones para la vida:

  • De “Sobre la Fortuna”:
    • «La inteligencia no es oro ni plata ni gloria ni riqueza ni salud ni fuerza ni belleza. ¿Qué es, entonces? Aquello que es capaz de hacer un buen uso de esas cosas y aquello por lo que cada una de esas cosas es agradable, magnífica y provechosa. Sin ella son inútiles, infructíferas y perjudiciales, y agobian y avergüenzan al que las posee». Esta es una declaración fundamental sobre el valor intrínseco de la inteligencia como catalizador de todos los demás bienes.
    • “El éxito inmerecido es para los insensatos causa de malos pensamientos”, citando a Demóstenes, advierte sobre los peligros de la fortuna sin la virtud que la dirija.
    • «el entendimiento ve y el entendimiento oye, el resto es mudo y ciego», del poeta Epicarmo, enfatiza que la verdadera percepción y comprensión provienen de la mente, no solo de los sentidos.
  • De “Sobre la Virtud y el Vicio”:
    • «Serás independiente si aprendes qué es lo bueno y lo honrado. Serás voluptuoso en tu pobreza, y vivirás como un rey, y desearás una vida alejada de cargos públicos y privada no menos que una vida llena de cargos militares y públicos. Si te has convertido en un filósofo, no vivirás descontento, sino que aprenderás a pasar la vida con gusto en todas partes y con cualquier cosa. La riqueza te producirá alegría, porque podrás hacer el bien a muchos, y la pobreza, porque te verás libre de muchas preocupaciones; la fama, porque serás honrado, y la falta de fama, porque no serás envidiado». Esta es, quizás, la frase más impactante, un manifiesto sobre la autarquía del filósofo y la verdadera fuente de la felicidad, que reside en la disposición interna y no en las circunstancias externas.
    • “Las palabras, pues, son médicos de un alma enferma”, atribuida a Esquilo, resalta el poder curativo de la comunicación y la filosofía en momentos de angustia.
  • De “Escrito de Consolación a Apolonio”:
    • “el mejor remedio contra el dolor es la razón y la preparación, a través de esta, para todos los cambios de la vida”. Esta frase encapsula la esencia del género consolatorio, que no busca eliminar el dolor, sino dotar al individuo de las herramientas racionales para afrontarlo.
    • «¿Qué es el hombre? ¿Qué no es? Sueño de una sombra es el hombre», del poeta Píndaro, evoca la fragilidad y brevedad de la existencia humana.
    • Las máximas délficas, “conócete a ti mismo” y “nada en demasía”, se presentan como guías universales para la vida, fundamentales para la moderación y la sabiduría.
    • «Aquel a quien los dioses aman muere joven», citando a Menandro, ofrece consuelo en la pérdida temprana, sugiriendo que la brevedad de la vida puede ser una bendición que evita mayores males.
    • La idea de que “la vida mejor no es la más larga sino la más activa” promueve una existencia de calidad sobre una de cantidad, valorando la virtud y la oportunidad.
  • De “Consejos para Conservar la Salud”:
    • «no comer hasta hartarse, no trabajar hasta desfallecer y usar de los placeres con moderación es lo más saludable». Este consejo, probablemente hipocrático, subraya el equilibrio esencial para mantener el bienestar físico.
    • «elige la vida mejor y la costumbre te la hará agradable», un precepto pitagórico, fomenta la disciplina y la habituación a un estilo de vida que, inicialmente difícil, se vuelve placentero.
    • La cita de Platón, «no mover el cuerpo sin el alma, ni el alma sin el cuerpo», destaca la interdependencia y la necesidad de equilibrio entre lo físico y lo espiritual.
  • De “Deberes del Matrimonio”:
    • «el lecho será para ella escuela de moderación o desenfreno», resalta la trascendencia moral del espacio conyugal como forjador del carácter y la virtud.
    • La visión del matrimonio como “una sola naturaleza”, donde los cuerpos, propiedades, amigos y parientes se mezclan, eleva la unión conyugal a una simbiosis espiritual profunda, más allá de lo meramente material o reproductivo.
    • La exhortación a que el marido sea “guía, filósofo y maestro de las cosas más bellas y divinas” para su esposa, y que ella, “hechizada con los escritos de Platón y Jenofonte”, se avergüence de la conducta indecorosa, es una clara defensa de la educación filosófica femenina y del matrimonio como una sociedad intelectual.
  • De “Banquete de los Siete Sabios”:
    • Tales de Mileto, al ser preguntado sobre lo más viejo, grande, hermoso, sabio, común, útil, perjudicial, poderoso y fácil, responde con profundas reflexiones: la divinidad (lo más viejo), el espacio (lo más grande), el universo (lo más hermoso), el tiempo (lo más sabio), la esperanza (lo más común), la virtud (lo más útil), la maldad (lo más perjudicial), la necesidad (lo más poderoso) y lo conforme a la naturaleza (lo más fácil). Estas respuestas son un compendio de sabiduría arcaica y platónica.
    • Tales también dice que se asombraría más «de ver a un timonel que haya llegado a viejo» que a un tirano viejo, lo que sugiere la fragilidad de la habilidad práctica frente a la tiranía que se cree invulnerable.
  • De “Sobre la Superstición”:
    • «La ignorancia y el desconocimiento sobre los dioses corren ya desde su origen por dos canales, de los cuales, el uno produce, en los caracteres obstinados, como en suelos duros, el ateísmo, y el otro, en los caracteres blandos, como en suelos húmedos, la superstición». Esta frase inicial establece la tesis central del tratado, comparando el ateísmo y la superstición como dos errores derivados de la ignorancia religiosa.
    • «el que teme a los dioses teme a todas las cosas, a la tierra, al mar, al aire, al cielo, a la obscuridad, a la luz, al rumor, al silencio, al sueño». Esta vívida descripción grafica la angustia total del supersticioso, quien no encuentra refugio en ningún aspecto de la existencia.
    • La máxima de Jenófanes, «si éstos son dioses -dijo-, no lloréis por ellos, y si son hombres, no les hagáis sacrificios», es una crítica directa a la incoherencia de los rituales supersticiosos y una invitación a una piedad más racional.
    • El consejo de evitar «saltar por encima de la piedad que se encuentra situada en medio» al huir de la superstición hacia un ateísmo cruel, promueve la vía media como el camino de la verdadera devoción.

La Fortuna y el Destino: Entre el Azar y la Razón

La relación entre la fortuna (τύχη) y el destino (μοῖρα o εἱμαρμένη) es un hilo conductor en varios de los tratados. En “Sobre la Fortuna”, Plutarco se posiciona críticamente contra la idea de que la fortuna rige la vida, un verso del poeta Queremón que usa como punto de partida para su polémica. Él, y las escuelas filosóficas con las que se alinea, defienden la superioridad de la inteligencia humana, la previsión y la sensatez sobre los golpes del azar. Aunque reconoce que la fortuna puede otorgar dones de nacimiento como la velocidad o la fuerza, insiste en que la inteligencia permite al hombre dominar sobre los animales que lo aventajan en estos aspectos. La influencia estoica es palpable aquí, ya que el estoicismo subraya cómo la inteligencia (phrónesis) es la fuente de las virtudes y la capacidad humana para superar las adversidades. El éxito inmerecido, sin la guía de la inteligencia, puede llevar a malos pensamientos y acciones.

En el “Escrito de Consolación a Apolonio”, el destino es presentado como una fuerza ineludible. “no es posible escapar a nuestro destino”, y la vida misma es un “préstamo que se ha de devolver a los dioses”. Sin embargo, incluso frente a esta inevitabilidad, Plutarco no promueve la pasividad. El “mejor remedio contra el dolor es la razón y la preparación, a través de esta, para todos los cambios de la vida”. La sabiduría consiste en reconocer que la desgracia es una parte común de la existencia humana y en mantener una actitud prudente y moderada (metriopatheia). La muerte, aunque sea prematura, es vista como una liberación de los males y una oportunidad para la sabiduría, como Sócrates y Platón sugieren. La prudencia implica someterse “irreprochable y obedientemente a la distribución de las cosas”, ya que no hay un hombre feliz en todo.

El “Banquete de los Siete Sabios” también toca la cuestión del destino y el poder. En las preguntas sobre lo más poderoso, Tales responde que es la “necesidad, pues es invencible”, lo que sugiere la presencia de una fuerza inquebrantable que rige los acontecimientos. Sin embargo, Tales también critica la idea de que el destino sea tan cambiante si fuera lo más poderoso, lo que implica que el verdadero poder y el orden provienen de principios más estables, como la divinidad y el universo mismo. Anacarsis refuerza la idea de que el alma es un instrumento de la divinidad, y el cuerpo, a su vez, del alma, sugiriendo una jerarquía de influencia y una voluntad divina en los acontecimientos, incluso milagrosos.

Finalmente, en “Sobre la Superstición”, la fortuna y el destino son distorsionados por la mente temerosa. El supersticioso atribuye “golpes de la divinidad y ataques de un espíritu” a cualquier mal, grande o pequeño, y se siente castigado por la providencia divina, lo que lo lleva a la inacción y al rechazo de cualquier ayuda. Esta interpretación negativa y temerosa del destino es lo que Plutarco condena, contrastándola con la piedad racional que reconoce la divinidad como benefactora y no como tirana. La superstición, al contrario que el ateísmo (que simplemente ignora a los dioses), pervierte la imagen de lo divino, convirtiéndola en una fuente de terror constante, incluso más allá de la muerte.

En esencia, Plutarco, aunque reconoce la existencia de fuerzas más allá del control humano, enfatiza la capacidad del hombre para ejercer su razón, cultivar la virtud y mantener la moderación como las mejores herramientas para navegar la vida. El destino, más que una imposición ciega, es una realidad a la que uno debe adaptarse con sabiduría, y la fortuna, una fuerza que la inteligencia puede moldear o mitigar.

Conclusiones

Los tratados de Moralia II de Plutarco constituyen un tesoro de sabiduría ética y práctica. A través de ellos, Plutarco nos invita a una profunda reflexión sobre cómo vivir bien, enfatizando la supremacía de la razón y la virtud sobre las circunstancias externas y las pasiones desmedidas. Nos enseña que la verdadera felicidad y el bienestar no provienen de la riqueza o la fama, sino de un carácter forjado en la rectitud, la moderación y el autoconocimiento.

El autor nos ofrece herramientas para enfrentar la adversidad, no con resignación pasiva, sino con una fortaleza interior nacida de la comprensión de la naturaleza humana y divina. La moderación en el placer, la templanza en el dolor y la disciplina en la vida cotidiana son pilares de su filosofía. Además, Plutarco eleva la condición de la mujer en el matrimonio, abogando por una unión basada en el intelecto y la compañía filosófica, un reflejo de una sociedad más equitativa y enriquecedora.

Su denuncia de la superstición como un mal paralizante es una llamada atemporal a una piedad racional y serena, libre de miedos infundados y rituales vacíos. Al contrastarla con el ateísmo, Plutarco dibuja un camino intermedio, la verdadera piedad, que se funda en el respeto y la comprensión de lo divino, no en el terror.

En última instancia, Plutarco nos lega la visión de que la vida es una oportunidad para el ejercicio de la virtud, un viaje donde la inteligencia y el buen juicio son nuestros mejores guías, y donde la felicidad se encuentra en la armonía del alma con la razón y la naturaleza. Sus palabras resuenan hoy con la misma fuerza, recordándonos la importancia de cultivar un espíritu íntegro y una mente clara en medio de un mundo en constante cambio.

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