Es un placer abordar una obra de la trascendencia y riqueza cultural como El Cortesano de Baltasar Castiglione, un texto que no solo define un ideal social e intelectual del Renacimiento, sino que sigue ofreciendo reflexiones profundas sobre el comportamiento humano y el liderazgo. Este diálogo, traducido a nuestra lengua por Juan Boscán y publicado por vez primera en 1534, es considerado por consenso general de críticos e historiadores de la literatura como uno de los mejores modelos de prosa castellana.
La relevancia de la obra es duradera. El Cortesano no es meramente un repertorio frívolo de buenas maneras o un manual de urbanidad, ni un código de egoísmo correcto como otros tratados de la época. Por el contrario, Castiglione propone un ideal pedagógico mucho más alto y generoso, buscando formar un tipo de educación general y ampliamente humana. Un espíritu didáctico de gran altura alienta en estas páginas, desarrollando armónicamente todas las facultades físicas y espirituales del individuo sin ningún exclusivismo dañoso, sin buscar formar al sabio, sino al hombre de mundo en la más noble acepción del vocablo.
I. El Núcleo Central de la Obra y su Escenario
El núcleo central de El Cortesano es la definición del hombre y la dama perfectos que sirven en una corte, determinando los atributos, reglas y usos que deben seguir. Menéndez y Pelayo, analizando la obra, señaló que se trata de la representación brillante y acabada de una de las cortes más fastuosas y espirituales del Renacimiento italiano.
Donde se Desarrolla la Obra: La Corte de Urbino
El escenario físico y social donde se desarrollan estas pláticas es la corte de Urbino. Esta pequeña ciudad, ubicada casi en el centro de Italia, junto a los montes Apeninos, era un lugar de gran fortuna por haber sido señoreada por muy buenos y valerosos señores, en especial el Duque Federico. Federico ennobleció a toda Italia con su prudencia, humanidad, justicia, liberalidad, ánimo invicto y arte militar, logrando tantas victorias que se le puede igualar a los antiguos famosos.
El palacio que el Duque Federico edificó en Urbino se describe como el más hermoso de toda Italia, pareciendo no una casa, sino una ciudad, provista de vajillas de plata, tapicería rica, estatuas antiguas de mármol y bronce, pinturas singularísimas e instrumentos de música. La mayor excelencia de este palacio era su vasta colección de libros griegos, latinos y hebraicos, guarnecidos de oro y de plata.
Los diálogos tienen lugar alrededor de la Duquesa Isabel Gonzaga, esposa de Guidobaldo da Montefeltro, hija y hermana de marqueses de Mantua. El Duque Guidobaldo, que heredó las virtudes de su padre, Federico, mantenía su casa siempre llena de caballeros principales y valerosos con quienes trataba familiarmente, gozando de su conversación y mostrando un gran juicio en toda suerte de ejercicios.
La Duquesa Isabel, junto a Emilia Pía, presidía las conversaciones nocturnas. Los interlocutores son figuras históricas y cultivadas que platican en derredor de ella, como Pedro Bembo, Bernardo Divizio de Bibiena, Federico Fregoso, Octaviano Fregoso y Juliano de Médicis. En esta casa se usaba continuamente fiestas y músicas, y algunas veces se proponían sutiles cuestiones y se inventaban juegos ingeniosos. El mundo presentado en El Cortesano es vivo y animado, reflejando todo el espíritu del Renacimiento.
II. Ideas Principales: La Formación del Cortesano Perfecto
El principal debate del Primer Libro se centra en establecer las cualidades esenciales para merecer el título de cortesano, iniciado por el Conde Ludovico de Canosa.
1. Linaje, Aspecto y Habilidad Militar
El Cortesano debe ser de buen linaje. La nobleza es una «clara lámpara que alumbra» las buenas y malas obras, impulsando a la virtud con el temor de la infamia y la esperanza de la gloria. Además del linaje, debe tener buen ingenio, ser gentil hombre de rostro y de buena disposición de cuerpo, y alcanzar una cierta gracia en su semblante que lo haga agradable a primera vista, prometiendo en su rostro merecer el trato de cualquier gran señor.
El oficio principal y más propio del cortesano es el de las armas, las cuales debe tratar con gallardía y viveza, siendo tenido por esforzado y fiel a su señor. Faltar en la reputación militar no puede ser sin infamia, pues el honor es una vez alterado, mal puede volver a su primer estado. Debe ser diestro en toda suerte de armas y ejercicios físicos necesarios para un hombre de guerra, incluyendo la lucha, natación, saltar y correr. Nunca debe jactarse de forma desvergonzada, pues esto provoca odio y asco, y debe ser áspero y fiero solo cuando ve los enemigos.
2. La Clave de la Gracia: La Sprezzatura o Descuido
La calidad más importante que debe adornar todos los actos, palabras y ademanes del cortesano es la buena gracia. Se la describe como la sal que debe echarse a todas las cosas para que tengan gusto y sean estimadas. Aunque es un don de la naturaleza, puede mejorarse con industria y diligencia.
La regla generalísima para alcanzar la gracia es huir cuanto sea posible el vicio de la afetación (o curiosidad, o demasiada diligencia). Este vicio, odioso a todo el mundo, debe combatirse usando un cierto desprecio o descuido(sprezzatura), con el cual se encubra el arte. La mejor y más verdadera arte es la que no parece ser arte, y se debe poner mayor diligencia en encubrirla que en ninguna otra cosa. Al mostrar que todo se hace sin fatiga y «de suyo», el observador creerá que el cortesano tiene «grandes secretos» dentro de sí y podría hacer mucho más si quisiera.
3. La Importancia de las Letras y las Artes
Las letras son el aderezo sustancial y principal del alma. El cortesano debe estar más que medianamente instruido en las humanidades, con noticia de la lengua latina y aun de la griega, por las muchas y diversas cosas escritas en ella. Debe leer poetas, oradores e historias, y ejercitarse en escribir en verso y prosa en lengua vulgar. Se defiende que la verdadera espuela en la guerra es la gloria, y esta gloria se encomienda a la memoria de las letras, pues sin ellas, la fama se mide con la edad de uno o dos hombres. Un hombre inorante, no sintiendo el provecho de las letras, tampoco siente la grandeza de la gloria y no se atreve a ponerse a tantos peligros por alcanzarla.
Respecto a la lengua, el Cortesano debe saber mucho para hablar y escribir bien, pues sin conocimiento, el alma queda separada del cuerpo. En el lenguaje debe huir la afectación, y su palabra escrita no debe ser fundamentalmente diferente de la hablada, tomando las palabras más escogidas de las que habla y usa el vulgo, para que sean entendidas.
En cuanto a las artes, la Música es esencial: ningún descanso o remedio es mejor ni más honesto para las fatigas del cuerpo y las pasiones del alma que la música. También debe tener conocimiento de la Pintura y el dibujo, un arte de gran valor que agudiza el juicio y que fue tenido en mucho por los antiguos griegos y romanos.
III. Ideas Principales: La Dama Perfecta y la Batalla por la Virtud
El Tercer Libro, a cargo del Magnífico Julián, se enfoca en la formación de la Dama Perfecta.
1. El Ideal Femenino y la Afabilidad Graciosa
La Dama debe mostrar una delicadeza tierna y blanda, con una dulzura mujeril en su gesto y ademanes, a diferencia de la gallardía varonil del hombre. La belleza es más necesaria en ella.
Su oficio principal es la afabilidad graciosa, sabiendo tratar y conversar con toda suerte de hombres honrados con dulzura y honestidad, y mostrando una presta viveza de espíritu. Debe ser prudente, no soberbia, ni vana, ni maldiciente, y sobre todo, debe guardar su honor con mayor cautela. Es imprescindible que no solo esté libre de culpa, sino también de sospecha. La Dama, al igual que el Cortesano, necesita tener noticia de letras, música y pintura, y saber danzar bien, y sobre todo, debe saber llevar a aquellos que andan con ella de amores.
2. La Disputa sobre la Naturaleza de la Mujer
Durante el desarrollo del ideal femenino, se libra una intensa disputa. Gaspar Pallavicino insinúa que la mujer es un «animal imperfecto». El Magnífico Julián defiende a la mujer argumentando que macho y hembra se comprenden bajo la especie del hombre y que la sustancia no puede ser más o menos perfecta, por lo que son iguales en esencia.
Julián presenta numerosos ejemplos de mujeres ilustres: mujeres que gobernaron reinos con prudencia y justicia, y vencieron en guerras; mujeres sabias en filosofía y poesía. Cita a Isabel de Castilla, a quien alaba por su bondad, grandeza de ánimo, prudencia, temor de Dios y justicia, y que gobernaba con una «manera tan divina» que su voluntad bastaba como mandamiento. La mujer debe poseer todas las virtudes del alma —prudencia, continencia, fortaleza, grandeza de ánimo— y estas la harán ser estimada.
IV. El Fin Último de la Cortesía y el Ideal del Príncipe
En el Cuarto Libro, Otaviano Fregoso argumenta que el fin último (el verdadero fruto) de todas las virtudes del Cortesano no es su propia perfección, sino ganar la voluntad del príncipe para aconsejarle y guiarle hacia el bien.
1. Guiar al Príncipe y Evitar la Tiranía
Otaviano establece que el Cortesano debe alcanzar el amor y la voluntad del príncipe para poder decirle la verdad sin miedo y desengañarle. Debe instruirle en justicia, liberalidad y benignidad, enseñándole el gran daño que causan los vicios. El mayor de los males en los príncipes es la ignorancia y la loca presunción, que nacen de las mentiras de los aduladores, los cuales, por sacar provecho, no curan sino de decirle cosas con que huelgue.
Para combatir esto, el Cortesano debe endulzar el camino de la virtud. Debe envolver el trabajo con el placer (música, juegos, versos, pláticas de amor), actuando como un médico mañoso que endulza la medicina amarga para el niño delicado.
Se prefiere el reino de un buen príncipe (monarquía) sobre la república, pues es la forma de señorear más conforme a la naturaleza y semejante al gobierno de Dios, que siendo uno y solo, gobierna a todo el mundo. La verdadera libertad consiste en vivir según las buenas leyes mandan, y el obedecer es tan natural y provechoso como el mandar. El príncipe debe ser un buen cristiano, amar a sus pueblos y no tenerlos oprimidos, pues la vida del príncipe es ley y maestra de los pueblos. El fin de la guerra es la paz, y el fin de los trabajos es el reposo.
2. La Inmortalidad a Través del Amor Divino
Micer Pietro Bembo, al abordar si un cortesano viejo debe ser amante, traza el Camino del Amor racional y platónico para el alma.
El amor que sigue la razón y el entendimiento es el camino hacia la virtud y la felicidad, especialmente para los viejos, cuya alma está menos cargada por el cuerpo. El Cortesano debe gozar la belleza con los sentidos menos corporales (vista y oído), que son ministros de la razón. El beso, por ejemplo, puede ser un ayuntamiento del alma porque a través de la boca salen las palabras y el aliento, y es deseado por los amantes castos para abrir la puerta de sus almas.
El cortesano debe amar la belleza del alma tanto como la del cuerpo. Debe apartar la belleza del cuerpo, contemplándola en su forma simple y pura en la imaginación, separada de toda materia corruptible, y allí la goce sin miedo de perdella, huyendo de las miserias del amor vicioso.
Finalmente, el alma, guiada por la verdadera filosofía, abre sus ojos interiores. Transforma su entendimiento particular en entendimiento universal, volando para unirse con la pura hermosura divina. Allí, sin nubes ni velos, ve el ancho piélago de la pura hermosura divina, logrando la suprema bienaventuranza. Este amor es un fuego santísimo que destruye lo mortal en el alma y la vivifica.
V. Frases Poderosas y Lecciones para la Vida
La obra, siendo un espejo de la vida áulica, condensa su sabiduría en máximas esenciales para el comportamiento honorable.
Frases Poderosas (Citas Notables)
- Sobre la Sprezzatura (El Disimulo del Arte): «La mejor y más verdadera arte es, la que no parece ser arte; así que en encubrirla se ha de poner mayor diligencia que en ninguna otra cosa; porque, en el punto que se descubre, quita todo el crédito…»
- Sobre la Nobleza y la Fama: «la nobleza del linaje es casi una clara lámpara que alumbra y hace que sé vean las buenas y las malas obras; y enciende y pone espuelas para la virtud, así con el miedo de la infamia como con la esperanza de la gloria.»
- Sobre la Palabra y el Saber: «el apartar las sentencias de las palabras, no es otra cosa sino apartar el alma del cuerpo, lo cual ni en la una cosa ni en la otra puede hacerse sin que lo compuesto quede destruido. Así que lo que más importa y es más necesario al Cortesano para hablar y escribir bien, es saber mucho.»
- Sobre la Honra Femenina: «Debe también ser más recelosa que no el hombre en lo que toca a su honra, y tener mayor cautela en no dar ocasión que se pueda decir mal della, y regirse de tal manera que no solamente sea libre de culpa, mas áun de sospecha…»
- Sobre el Fin del Cortesano (El Consejo al Príncipe): «…el inclinar y traer su príncipe al bien y apartalle del mal sea el verdadero fruto desta cortesanía, y porque la perficion de las buenas obras, consiste principalmente en dos cosas, la una de las cuales es escoger un fin que sea realmente bueno, hácia el cual nuestra intincion se enderece, y la otra el saber hallar los medios oportunos para poder con ellos llegar a éste buen fin…»
Lecciones para la Vida (Sabiduría Aplicada)
- La Excelencia Integral: La lección fundamental es la necesidad de una educación que desarrolle armónicamente todas las facultades, tanto en el combate y las armas como en las letras y las artes. El hombre de mundo debe ser apto en todos los campos que su condición exige.
- El Dominio de la Apariencia: Se enseña que el descuido fingido es el arte supremo, pues la diligencia excesiva (afectación) es odiosa y quita todo crédito. La perfección debe parecer natural y sin esfuerzo.
- El Poder de la Ética sobre la Política: La misión más alta del Cortesano no es su propia ventaja, sino ganar la confianza del príncipe para ser el único que se atreva a decirle la verdad, actuando como un escudo contra los lisonjeros y maldicientes.
- El Liderazgo Moral: La obra subraya que la ignorancia y la presunción son los mayores males en los líderes. El príncipe debe ser ejemplar, pues su vida es ley y maestra de los pueblos.
- La Supremacía de la Razón y el Amor Trascendente: El conocimiento verdadero es la base de la virtud (la virtud es saber elegir el bien). El amor humano, en su forma más pura, es un escalón que debe guiar al alma a trascender los sentidos y la materia, buscando la unión con la Hermosura Divina para alcanzar la bienaventuranza suprema. La búsqueda de la perfección cortesana es, por lo tanto, una búsqueda filosófica y espiritual.
Conclusión
El Cortesano sintetiza de manera magistral el ideal humanista del siglo XVI, demostrando que la virtud, la gracia y el conocimiento no son adornos superficiales, sino herramientas esenciales para el servicio, el honor y la trascendencia. El hombre y la mujer perfectos son aquellos que desarrollan armónicamente su cuerpo y su espíritu, utilizando esa perfección para influir positivamente en el poder político y en la sociedad, y en última instancia, para elevar el alma hacia la contemplación de lo divino.
El diálogo, que concluye con la oración mística de Micer Pietro Bembo, penetrada de doctrinas platónicas y místicas, reafirma que la búsqueda de la perfección cortesana es, en esencia, una búsqueda espiritual y filosófica, haciendo de este libro un espejo atemporal para la vida culta y honorable.







Deja un comentario