La Conjunción de la Historia y la Competencia
La dinámica geopolítica actual se define por la intensa rivalidad entre China y Estados Unidos, un conflicto que se libra tanto en el ámbito económico y tecnológico como en el escenario de la percepción pública. Esta confrontación está profundamente marcada por un sesgo abrumador en los medios de comunicación occidentales contra China, una tendencia que se remonta a décadas, pero que se ha exacerbado significativamente en los últimos años. La cobertura mediática ha llegado a ser tan distorsionada y deshonesta que evoca comparaciones con la forma en que los antiguos medios soviéticos representaban a Occidente, incluso durante el colapso de la URSS.
Este patrón de distorsión ha impregnado no solo a los medios, sino también a gran parte del mundo académico occidental. Un ejemplo destacado de esta narrativa parcializada es la insistente denuncia anual de la supuesta masacre de estudiantes en la Plaza de Tiananmen en 1989. Sin embargo, existen pruebas contundentes que sugieren que este incidente nunca ocurrió y fue, de hecho, un engaño propagandístico occidental repetido incesantemente. Versiones de los hechos publicadas por exjefes de las oficinas de Beijing del Washington Post y el New York Times, que aclaraban la situación, fueron ignoradas, al igual que los cables diplomáticos estadounidenses secretos revelados que confirmaron estos hechos.
Otro caso de flagrante manipulación mediática fue el bombardeo de la embajada china en Belgrado en 1999, un ataque ilegal que causó víctimas chinas. Mientras el gobierno y los medios de comunicación estadounidenses lo catalogaron como un trágico accidente, la afirmación china de que fue deliberado fue ridiculizada. La evidencia sugiere que China tenía razón, y que el gobierno estadounidense mintió, una mentira que los medios amplificaron. De hecho, se citó a un oficial de la OTAN jactándose en un periódico británico de que la bomba guiada había impactado exactamente en la sala prevista.
El contraste en la cobertura de escándalos de salud pública subraya este sesgo. Los medios occidentales dedicaron enorme atención al escándalo de la leche adulterada con melamina en China, que resultó en seis muertes, presentándolo como prueba de la corrupción generalizada. Los culpables recibieron largas penas de prisión e incluso ejecuciones. En contraste, el escándalo Vioxx en Estados Unidos, donde Merck suprimió pruebas sobre los peligros de un medicamento que pudo haber causado cientos de miles de muertes (algunos cálculos sugieren hasta cincuenta mil veces más víctimas mortales que el caso chino), fue rápidamente silenciado por los medios estadounidenses. Estos medios habían ganado cientos de millones de dólares en publicidad de Vioxx y la historia fue rápidamente dejada de lado, siendo olvidada por la mayoría de los estadounidenses.
En los últimos años, la propaganda anti-China ha escalado, incluyendo acusaciones escandalosas de «genocidio» contra la población uigur en Xinjiang, a pesar de que la provincia está abierta a turistas y numerosos visitantes occidentales que viven o viajan allí documentan condiciones favorables, a menudo comparándolas positivamente con las de Estados Unidos, y afirmando que los medios occidentales mienten sobre China.
Los Pilares Históricos y Culturales del Éxito Chino
Una parte importante del éxito de China se atribuye a su composición demográfica y a su historia de organización centralizada. La etnia Han, que constituye más del 90% de la población, ofrece una unidad cultural y étnica que hace a China mucho más homogénea que casi cualquier país occidental actual. Aunque China respeta a sus minorías, estas son un elemento muy minoritario, concentrado principalmente en provincias periféricas poco pobladas.
Además de la unidad étnica Han, otra razón crucial para el ascenso de China es su historia ininterrumpida como Estado organizado y centralizado. Durante miles de años, China ha sido una de las regiones más avanzadas económica y tecnológicamente del mundo. Esta larga historia ha moldeado profundamente al pueblo chino. Se traza una analogía con el Imperio Romano: mientras Roma cayó y se fragmentó, el Imperio chino sobrevivió y permaneció unido. Esta longevidad y continuidad evitaron un interregno de barbarie de mil años, como el experimentado por gran parte de Europa.
Muchos intelectuales occidentales de hace un siglo no se habrían sorprendido por el rápido avance económico de China. Pensadores prominentes profetizaron que el Reino Medio recuperaría su posición como una de las principales naciones del mundo. Previeron que una China modernizada, con transporte ferroviario y escuelas técnicas, podría arrebatarle el control de los mercados mundiales a potencias europeas. Las doctrinas intelectuales de esa época, que consideraban que miles de años de historia en una sociedad estable y organizada habían moldeado los rasgos innatos de un pueblo, veían la capacidad de supervivencia del pueblo chino como inigualable, especialmente bajo el estrés económico. La vida en una civilización organizada, estable, pero desafiante económicamente, forjó a los chinos Han de hoy.
El Retorno a la Meritocracia y la Realidad Ideológica
A pesar de que el partido gobernante se autodenomina «Partido Comunista» y rinde homenaje a Marx y Mao, la realidad del sistema económico y social chino ha evolucionado significativamente, alejándose del comunismo clásico de la antigua Unión Soviética. La libre empresa es dinámica y casi universal, abarcando desde mercados locales hasta gigantescas corporaciones privadas multimillonarias. China alberga el mayor número de multimillonarios del mundo, aparte de Estados Unidos, lo que hace que la descripción de «país comunista» sea imprecisa en el sentido habitual.
El sistema político ha regresado gradualmente a las antiguas tradiciones confucianistas, con un énfasis central en la meritocracia. Este enfoque prioriza el carácter moral y la virtud personal, con el objetivo de crear una sociedad armoniosa, un ideal que ha guiado a la nación china durante 2500 años. Los funcionarios chinos suelen ascender solo si han tenido un buen desempeño en niveles inferiores, medido a menudo por el crecimiento económico, lo que resulta en líderes inusualmente competentes. El sistema se ha descrito como «democracia en la base, experimentación en el medio y meritocracia en la cima».
Bajo el liderazgo reciente, se ha reforzado una tendencia que algunos analistas denominan «nacionalismo marxista», aunque también se asemeja al nacionalsocialismo sin las connotaciones negativas occidentales. Políticas como la campaña de Prosperidad Común y la reducción de la pobreza han sacado a más de 100 millones de personas de la pobreza extrema. Además, se han impuesto reducciones salariales en el sector de servicios financieros, priorizando los sectores productivos de la economía y considerando a los ingenieros reales como más importantes para la sociedad que los «ingenieros financieros».
La Competitividad Económica y la Distorsión del PIB
La economía china se percibe como mucho más orientada al mercado y competitiva que la estadounidense en la mayoría de las industrias. La idea occidental de que las empresas estatales son inherentemente ineficientes es desacreditada por el éxito de las empresas chinas, que compiten con éxito con corporaciones privadas occidentales. El factor crucial para el éxito económico no es la propiedad, sino la presencia de competencia, que genera presión para innovar, mejorar la calidad y reducir costos, y fomenta una verdadera meritocracia.
Mientras que Estados Unidos presenta concentración y monopolios en sectores clave (un solo actor importante en automoción eléctrica, Tesla; y uno en telefonía móvil, Apple), China cuenta con una multitud de competidores en estos mismos campos (BYD, Huawei, Xiaomi, etc.). En el comercio electrónico, Estados Unidos tiene un actor dominante (Amazon), mientras que China tiene múltiples gigantes (Alibaba, JD, PDD).
Esta falta de competencia en Estados Unidos tiene graves consecuencias, evidenciadas en el sector militar. A pesar del gigantesco presupuesto de defensa, el complejo militar-industrial estadounidense consolidado en cinco gigantes padece de falta de capacidad, altos costos y baja eficiencia. Esto se manifiesta en la incapacidad de Estados Unidos para mantener la producción de municiones básicas, como proyectiles de artillería de 155 mm, para la guerra en Ucrania. La capacidad industrial de China es un problema para Estados Unidos.
Al comparar el tamaño de las economías, es crucial ir más allá del PIB nominal y centrarse en el PIB ajustado por la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA) o, idealmente, en el PIB productivo (excluyendo el sector servicios). El PIB productivo se considera una medida más realista del poder económico real, especialmente en tiempos de conflicto.
El PIB estadounidense está inflado por el sector servicios y por «imputaciones», valoraciones asignadas a la producción económica que no se comercializa en el mercado (como el alquiler imputado de viviendas propias), que representan aproximadamente el 14% del PIB total. China, en cambio, tiene una imputación CERO. Además, algunos gobiernos occidentales han inflado aún más su PIB al incluir actividades criminales como la prostitución y las drogas ilegales.
Al enfocarse en la economía productiva real (industria, minería, agricultura, construcción), China ya tiene una economía tres veces mayor que la de Estados Unidos y crece más rápido. China supera el total combinado de todo el bloque liderado por Estados Unidos (EE. UU., UE, Japón) en esta métrica. La base industrial de China es inmensa: su producción de acero es casi trece veces mayor que la de Estados Unidos, su producción de carbón cinco veces mayor, y su capacidad de construcción naval es 232 veces mayor.
El Liderazgo Tecnológico y la Explosión de la Burbuja de la IA
Durante años, los líderes estadounidenses han alardeado de su supremacía tecnológica, ejemplificada por los sistemas de inteligencia artificial (IA), y han intentado proteger este liderazgo prohibiendo la venta de chips de IA de última generación a China.
Esta narrativa se vio drásticamente socavada por el surgimiento de DeepSeek, una empresa china de IA totalmente desconocida. DeepSeek lanzó un nuevo sistema de IA comparable a los mejores modelos estadounidenses, pero construido con un costo mínimo (solo 5.6 millones de dólares), utilizando chips de segunda categoría. El costo de desarrollo fue 99.999% inferior a los gigantescos proyectos anunciados en Occidente. DeepSeek se convirtió en la aplicación número uno en descargas de Apple y su éxito provocó la evaporación de un billón de dólares del valor bursátil de las empresas estadounidenses relacionadas con la IA en cuestión de días. Además, DeepSeek lanzó su producto como código abierto, desafiando severamente los sistemas propietarios de los líderes de IA de Estados Unidos.
Más allá de este evento, la tendencia general en tecnología favorece a China. Un informe de un think tank australiano, generalmente hostil a China, mostró que en el período 2019-2023, China lideraba 57 de las 64 tecnologías críticas, mientras que Estados Unidos lideraba solo 7. Hace dos décadas, Estados Unidos lideraba 60 de 64. El informe también señaló que China es el único país con riesgo de monopolio en investigación de alto impacto en 24 de estas tecnologías, muchas con aplicaciones directas en defensa (radares, motores de aeronaves, drones).
La Academia China de Ciencias es la institución más grande y de mayor rendimiento del mundo en investigación de alto impacto, liderando en 31 de 64 tecnologías. Este liderazgo científico y tecnológico masivo es el motor detrás de la modernización militar y el éxito comercial de China en áreas como vehículos eléctricos y telecomunicaciones.
El Escenario de Guerra y la Capacidad de Resistencia
Un conflicto militar entre Estados Unidos y China en la próxima década se considera una posibilidad muy probable. Este conflicto, impulsado por la voluntad estadounidense de frenar el desarrollo chino, se libraría inevitablemente en las costas de China o en países vecinos (Taiwán, Mar de China Meridional), a miles de kilómetros de Estados Unidos. La política militar y la adquisición de armas de China se han centrado precisamente en disuadir o derrotar a las fuerzas estadounidenses que operan en su vecindad.
El escenario de guerra enfrentaría a una fortaleza terrestre (China) contra una fuerza expedicionaria marítima y aérea. Las guerras modernas de alta intensidad dependen crucialmente de la producción y la logística bélicas, donde China tiene una superioridad industrial abrumadora nunca antes experimentada por Estados Unidos contra ningún adversario. Las ventajas chinas incluyen: capacidad industrial general de 3 a 1, movilización fácil de la capacidad de defensa de propiedad estatal (que produce con propósito, no con fines de lucro), y una ventaja de 3 o 4 a 1 en la relación calidad-precio de las adquisiciones militares.
China ha desarrollado sistemas de guerra avanzada que garantizan su doctrina de Anti Access Area Denial (A2AD), cuyo objetivo es negar el acceso al teatro de operaciones e infligir pérdidas inaceptables al enemigo. Estos activos incluyen misiles balísticos intercontinentales DF31AG y DF41 (hipersónico), cazas furtivos J20 superiores al F22, y sistemas hipersónicos desplegados como el DF17 y DF26, en los que Estados Unidos está significativamente rezagado. Además, China puede producir cohetes guiados de precisión al mismo costo que Estados Unidos fabrica municiones de artillería no guiadas. El sistema de lanzacohetes múltiple PHL16, por ejemplo, puede realizar ataques de saturación de precisión en cualquier punto de Taiwán.
El factor crucial que se pasa por alto es la voluntad de luchar. China lucha por su integridad territorial, su orgullo nacional y cuenta con el firme respaldo de su población. Para los chinos, perder la guerra representa una amenaza existencial, y el umbral del dolor ante las bajas es mucho más alto. En contraste, Estados Unidos lucha por mantener un dominio hegemónico en una aventura imperialista a miles de kilómetros de distancia, y su umbral de dolor es mucho más bajo.
El historial militar de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial ha sido irregular, con derrotas en casi todas las guerras, a excepción de la primera del Golfo. China fue el primer país en romper la cadena de éxitos militares de EE. UU. al detenerlos en la península de Corea en los años 50, en un momento en que el ejército chino era un ejército campesino mal equipado y su economía era insignificante en comparación con el poderío militar y económico estadounidense de posguerra.
Considerando la abrumadora capacidad industrial de China, la geografía del conflicto, el desarrollo tecnológico militar avanzado, la voluntad nacional de luchar y los antecedentes militares de ambos países, la conclusión es que China prevalecería en un conflicto militar en su vecindad cercana.






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